Cuando una persona afirma, de forma consciente, cosas que no son reales, está diciendo mentiras; al respecto, se ha demostrado que, entre los tres y cuatro años, los niños tienen la capacidad de mentir, pues en este momento del desarrollo, en pleno auge de la adquisición de las habilidades de lenguaje, se aprende a usar este para jugar con la realidad y, ya sea obtener ventajas a partir de mentiras, o evitar posibles consecuencias negativas si se conoce la verdad.

En el campo de las mentiras, las hay buenas y malas, pues decir siempre la verdad, bajo cualquier circunstancia, es prácticamente imposible: todos hemos mentido en algún momento de nuestras vidas. No obstante, hay personas que son mentirosas patológicas, pues les resulta imposible dejar de decir cosas que no son reales, ya sea sobre sí mismos o sobre los demás.

A ciencia cierta, no se sabe el porqué de esta situación, pero, de acuerdo a la tercera edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-III, las mentiras patológicas representan un trastorno, además de ser síntomas de otros trastornos en la personalidad tales como la Psicopatía y el Narcisismo.

Al respecto, la Psiquiatra Judith Orloff, escritora del libro: “The Empath’s Survival Guide”, plantea lo siguiente:

“Creo que proviene de un defecto en el cableado neurológico en términos de lo que nos causa compasión y empatía (…) los narcisistas, los sociópatas y los psicópatas tienen lo que se llama un trastorno de deficiencia de empatía, lo que significa que no sienten empatía de la manera en que lo haríamos los demás”.

En este sentido, cuando a una persona no le importan los demás, las mentiras pierden importancia, puesto que la falta de empatía disminuye la capacidad de ser conscientes de nosotros mismo y los demás.

Aun más, muchas veces estas personas ni siquiera notan que están mintiendo, puesto que tienen disminuida su capacidad de autoconsciencia; de hecho, creen que dicen la verdad la mayor parte de las veces.

Un elemento importante en cuanto a este punto, es que las mentiras se tratan de intentos por tener poder sobre quienes les rodean; sus principales víctimas son las personas altamente sensibles, las cuales resultan especialmente atractivas para los narcisistas.

Muchas personas establecen vínculos con mentirosos patológicos, pues además de que les cuesta entender este comportamiento, suelen tratar de adaptar sus características de acuerdo a criterios comunes respecto a lo que implica ser empático, o, aun peor, cuando ven que alguien miente, intentan ayudarle o se culpan a sí mismos.

De esta forma, este ciclo de mentiras puede terminar con una persona hipersensible sintiéndose confundida respecto a la realidad, puesto que, cuando algún mentiroso le repite con tanta vehemencia que su versión de la realidad no es la adecuada, se suscriben a la verdad deformada de quien abusa.

Para salir de este círculo vicioso es importante tener la fortaleza de detener la situación y entender que están abusando de nosotros; no obstante, las personas víctimas de esta situación suelen dudar de si mismas porque las mentiras escalan progresivamente: inician con mentiras blancas y, tiempo después, la vida de la persona puede ser un desastre en atención a la cantidad de enredos originados por las mentiras. De acuerdo a Oloff:

“No se puede confiar en los mentirosos patológicos (…) si alguien miente, no trates de excusarlo, una mentira es una mentira (…) alguien que es un mentiroso patológico no dirá “lo siento” por hacerlo, dirá que es tu culpa”

Además del narcisismo, otro rasgo de personalidad que caracteriza a los mentirosos es la impulsividad, de acuerdo a la especialista en Psicología, Linda Blair. Específicamente, la Psicóloga plantea que resulta complejo para las personas impulsivas el tomar el tiempo necesario para pensar las cosas y romper el hábito de mentir, pues se tiene la necesidad de tener que resolver las cosas inmediatamente.

En este sentido, lo que se propone es que las mentiras compulsivas no siempre tienen una mala intención, sino que representan una incapacidad de las personas para dejar de decir las cosas de forma brusca.

Para concluir, plantea Blair que es probable que las mentiras patológicas tengan algo que ver con el funcionamiento cerebral de las personas, haciéndoles más complejo comprender los efectos de su comportamiento sobre otros individuos.

Referencia: Lies and liars: Psychiatric aspects of prevarication. http://dx.doi.org/10.1176/ajp.145.5.554