Crucifixion

A pesar de que existen numerosas versiones escritas de la antigua práctica romana de crucifixión, hay muy poca evidencia física que haya sobrevivido a los 2.000 años desde que tales ejecuciones fueron llevadas a cabo.

Por esta razón, una lesión en el pie de un esqueleto de 2.000 años de antigüedad ha agitado a la comunidad arqueológica, ya que puede ser apenas el segundo ejemplo de víctima de la crucifixión romana que se haya descubierto alguna vez.

El esqueleto fue descubierto en el año 2007 durante una operación de infraestructura en el municipio de Gavello, en el norte de Italia. El cuerpo estaba acostado de espaldas con los brazos a los lados y las piernas estiradas. Inusualmente para la época, no fue enterrado con ninguna pertenencia. Un examen más detallado de los huesos encontró lesiones en el talón derecho.

Explican los autores: “Se trata de una perforación que muestra un orificio redondo y regular que pasa desde el lado medial al lateral. El patrón de la lesión de sección transversal es lineal en la primera parte, girando ligeramente hacia abajo en la última parte. La presencia de una fractura elipsoidal deprimida en el lado medial, pero no en el lateral, sugiere que la lesión se infligió peri-mortem.”

El análisis antropológico de los restos, realizado en la Universidad de Ferrara, reveló que los huesos pertenecían a un hombre de entre 30 y 34 años. Desafortunadamente, la datación por radiocarbono fue imposible de realizar debido a la mala conservación del espécimen. Pero gracias a indicios contextuales, como fragmentos de arcilla y ladrillo encontrados junto a los huesos, se pudo corroborar que los restos datan de la época romana.

Posteriormente los restos fueron enviados a la Universidad de Siena, donde se tomaron imágenes en 3D de las lesiones, y al laboratorio de Antropología Molecular de la Universidad de Florencia, para realizar pruebas genéticas. A través de todos estos estudios, los investigadores hallaron evidencia de que el talón derecho, que había sido perforado a través del hueso, exhibía muestras de una potencial de crucifixión.

Si bien los investigadores admiten que estos hallazgos no son definitivamente concluyentes, señalan que es difícil comprender completamente la práctica basándose en sólo otro ejemplo disponible. La otra evidencia de una víctima de la crucifixión romana proviene de una excavación en Jerusalén de 1968 de las tumbas de un gran cementerio judío del Segundo Templo (siglo II aC a 70 dC).

Las similitudes entre los restos de 1968 y los encontrados en 2007 han llevado a los investigadores a sospechar que los métodos de ejecución eran los mismos.

Con base en datos arqueológicos y antropológicos, los investigadores también sacaron conclusiones potenciales sobre la víctima. Señalan que en el mundo romano, la crucifixión históricamente se aplicaba a las poblaciones marginadas: esclavos, revolucionarios, extranjeros, criminales y otros ciudadanos no romanos, con la excepción de los soldados que desertaban.

Al respecto, la investigadora Ursula Thun Hohenstein, afiliada al Departamento de Estudios de la Humanidad en la Universidad de Ferrara y coautora del  hallazgo, expresó:

“Este tipo de ejecución generalmente estaba reservado para los esclavos. La misma marginación topográfica del entierro nos induce a pensar que fue un individuo considerado peligroso, apartado por la sociedad en la que vivió y rechazado incluso después de su muerte.”

Referencia: A multidisciplinary study of calcaneal trauma in Roman Italy: a possible case of crucifixion? Archaeological and Anthropological Sciences, 2018. https://doi.org/10.1007/s12520-018-0631-9