Existen muchas teorías conspirativas, desde que Walt Disney no murió sino que está congelado, hasta que el hombre no llegó a la luna realmente. Asombrosamente, muchas personas están seguras de la veracidad de ciertos planteamientos relativos a conspiraciones, a pesar de las evidencias en contra. Diversas investigaciones se han encargado de estudiar este fenómeno.

Específicamente, las teorías conspirativas se han convertido en agujeros negros de Internet a los que dedicamos nuestro tiempo libre; pero, más allá del entretenimiento que pudiesen generar, de acuerdo a un estudio llevado a cabo por Public Policy Polling en 2013, uno de cada dos estadounidenses están convencidos de que, al menos una teoría conspirativa, es verdadera. De hecho, un 4% de los estadounidenses asegura que los reptilianos controlan la vida política de Estados Unidos.

Actualmente, desde la Psicología Social se ha buscado entender este fenómeno, a partir de lo que se han identificado ciertos patrones en la personalidad de aquellos individuos que se adscriben a estas olas de rumores.

Una de las características de estas personas es que sobreestiman su capacidad de entendimiento sobre temas políticos, además de sentirse víctimas de cambios, tanto a nivel social como cultural.

De acuerdo al investigador Joseph Vitriol, asociado postdoctoral en Psicología Social, en la actualidad, se han visto cambios sociales que se traducen en una mayor diversidad cultural y étnica, desafiando el status quo y ejerciendo cambios en políticas públicas y en el discurso político.

Todas estas modificaciones implican una mayor volatilidad social, lo que resulta en una situación amenazante para aquellos que se resisten a los cambios, motivando respaldos compensatorios de las creencias a partir de las teorías que aluden a conspiraciones.

De acuerdo al estudio llevado a cabo por este investigador, tras encuestar a 3.500 estadounidenses, se encontró que, aquellas personas que estaban de acuerdo con planteamientos tales como: “los valores más grandes de Estados unidos están decayendo cada vez más”, se mostraban tendientes a creer que nada en la política ocurre por accidente o por coincidencia.

En este sentido, Vitriol, explica: “cuando las personas sienten que sus valores sociales fundamentales está cambiando, se produce una tendencia general hacia el pensamiento conspirativo y al respaldo de teorías de conspiración”.

Además de la resistencia a los cambios y la sobreestimación de sus conocimientos de política,  estudios anteriores indican que las personas tendientes a creer en este tipo de teorías, se caracterizan por ser narcisistas, es decir, por desarrollar opiniones exageradas a su favor, sobre sus talentos y sobre el lugar que merecen ocupar en el mundo.

En la misma línea, Sebastián Diéguez, Neuropsicólogo de la Universidad de Friburgo, en Suiza, plantea que otros rasgos de estos individuos giran en torno a su propensión a la ansiedad, falta de control sobre su propia vida, extremismo, pesimismo, paranoia, sesgos de razonamiento y poca confianza en la Ciencia y en las autoridades.

De igual forma, siguiendo un estudio realizado por el Profesor Viren Swami, de la Universidad, Anglia Ruskin, en la medida en la que las personas experimentan mayores tasas de estrés, son más altas las probabilidades de que crea en conspiraciones, pues el estrés aumenta la propensión a pensar de formas poco analíticas.

Otra investigación llevada a cabo por este profesor, encontró una relación entre la tendencia a creer en teorías conspirativas y el cinismo político, es decir, la propensión a alejarse del pensamiento común, cuestionando el orden establecido.

Por su parte, el Psicólogo británico Robert Broherton, investigador de la Universidad de Londres y autor del libro “Suspicious minds”, indica que las teorías conspirativas tienen todos los ingredientes para quedarse enganchada en la mente de las personas que quieren entender su realidad:

Las teorías conspirativas resuenan en algunas partes de nuestro sesgado cerebro y se aprovechan de algunos de los más profundos deseos, miedos y suposiciones sobre el mundo y la gente que vive en él. Tenemos mentes innatamente suspicaces”.

Por último, la buena noticia es que esto puede cambiar, pues, de acuerdo a Joseph Vitriol, los resultados de sus investigaciones sugieren que el mostrarle a las personas sus limitaciones de entendimiento puede motivarles a informarse mejor, desarrollando opiniones y creencias basadas en la evidencia; específicamente, propone que “la información veraz puede cambiar sus creencias, permitiendo que estos sean más objetivos respecto a su entendimiento de la realidad”.

Referencia: The role of system identity threat in conspiracy theory endorsement, (2018). https://doi.org/10.1002/ejsp.2495