¿Quién no ha caído rendido ante unos ojitos de cachorro? Sin duda, para la mayoría de las personas, los perros y, en particular, sus cachorros, son adorables. En este sentido, existen períodos específicos de su desarrollo en el que resultan aún más encantadores, invitándonos a hacer cualquier cosa por complacerlos.

Sobre esto se han hecho investigaciones; una en particular, llevada a cabo por el Profesor de Psicología y Director del Departamento de Estudios Caninos de la Universidad de Arizona, Clive Wynne, quien plantea que el pico de encanto de los cachorros suele ser a partir de las ocho semanas de edad, tiempo aproximado en el que son destetados por sus madres, por lo que, según sus hallazgos, los cachorros aprenden a usar sus encantos para lograr el cuidado y consentimiento de los humanos.

Los perros y los humanos tienen una relación casi familiar desde épocas remotas; a ciencia cierta, no se sabe realmente en qué momento esto empezó a ser así, pero los perros son el primer animal en la historia que fue domesticado por el hombre, formando un lazo que permanece intacto después de miles y millones de años.

La curiosidad en torno a las cualidades encantadoras de los cachorros surgió en Wynne durante un viaje a las Bahamas, pues un colega le comentó que, bajo su percepción, la mayoría de los cachorros callejeros no sobrevivían al destete y el abandono de sus madres, concluyendo que aproximadamente el 80% de los perros sin hogar no llegan a cumplir el primer año de vida.

Entonces, surgió la duda respecto a las cualidades que logran los supervivientes para garantizar su vida. Sobre esto, el investigador desarrolló la hipótesis de que los que sobrevivían eran aquellos que habían sido abandonados por sus madres cerca de casas de humanos incapaces de resistir a los encantos de los cachorros.

Esto le inspiró a desarrollar una investigación a fin de determinar si los cachorros, ya sea de perros u otras especies, desarrollan sus encantos en determinados momentos de su vida a fin de que la intervención humana garantice su supervivencia.

Al respecto, investigaciones previas han demostrado que los rasgos físicos infantiles, como grandes ojos y caras redondas, además de narices y bocas pequeñas, favorecen el hecho de que los humanos consideren a ciertos animales como más bonitos. No obstante, hasta el momento, no se había investigado respecto a los hitos del desarrollo que inspiran mayor ternura en las personas.

En atención a esto, se desarrollo un experimento en el que participaron 51 estudiantes de la Universidad de Florida, que fueron expuestos a fotos de perros de diferentes razas, formas y tamaños en distintas etapas del desarrollo, desde su nacimiento hasta los 8 meses.

En total les mostraron 30 fotografías en blanco y negro de los caninos, las cuales debían calificar en función de sus niveles de ternura en una escala que iba desde nada atractivo hasta muy atractivo.

Tal como se esperaba, se dieron puntajes bajos a cachorros recién nacidos, puesto que, en este momento, al depender de la alimentación materna, no es necesario ser encantadores para obtener cuidados y afectos de los seres humanos.

Lo mismo sucedió con cachorros de más de 10 semanas, momento en el que ya tienen la autosuficiencia necesaria para garantizar su supervivencia, pues son capaces de alimentarse de forma independiente.

Concretamente, el período en el que los cachorros fueron encontrados como más adorables, despertando una mayor ternura en la personas, fue entre las 6 y 7 semanas de vida. Sobre esto, Wynne explica:

Sus encantos se multiplican justo cuando las madres están a punto de abandonarlos y cesar sus cuidados, viéndose obligados a cuidar de sí mismos; es exactamente en ese momento en el que empiezan a ser más atractivos para los seres humanos (…) esta capacidad de los cachorros de cierta edad de transmitir ternura, representa una ventaja evolutiva luego de ser domesticados por los seres humanos.

En conclusión, el propósito de los adorables ojitos de cachorro es despertar la ternura de los humanos a fin de que suplamos el rol de su madre, garantizando su supervivencia. “Las ocho semanas es el punto en el que tienen mayor enganche, una mayor ternura que despierta nuestro interés. Sin embargo, mas allá de todo esto, seguimos amándolos por el resto de sus vidas”, plantea Wynne.

Referencia: Dog Pups’ Attractiveness to Humans Peaks at Weaning Age (2018). https://doi.org/10.1080/08927936.2018.1455454

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