La actividad física tiene importantes implicaciones relacionadas con la salud en la edad adulta. Un estilo de vida físicamente activo reduce el riesgo de enfermedades crónicas, síntomas depresivos, deterioro cognitivo y está relacionado con un menor riesgo de mortalidad por todas las causas. Mientras que la otra cara de la moneda, es decir, el sedentarismo, se ha descrito como un problema de salud pública mundial que contribuye a millones de muertes cada año.

Probablemente no resulte sorprendente escuchar acerca de las consecuencias perjudiciales que tiene para la salud de un estilo de vida sedentario, pero tal vez el menos obvio es que la inactividad física también se asocia con cambios no deseados en la personalidad a lo largo del tiempo.

Previamente se han determinado asociaciones entre la falta de ejercicio y las disminuciones en los rasgos de carácter, medidos de cuatro a diez años después de las encuestas iniciales. Ahora, un nuevo estudio ha extendido esto, descubriendo que una mayor inactividad física está asociada con el deterioro de la personalidad dos décadas después.

Los investigadores indican que los hallazgos sugieren que incluso un aumento moderado en sus niveles de actividad de hoy, podría tener implicaciones positivas para la personalidad dentro de varias décadas.

La investigación combinó de tres estudios estadísticamente significativos de larga data. Dos involucraron a más de 6000 participantes en Wisconsin, reclutados por primera vez entre 1992 y 1994, cuando completaron un cuestionario de personalidad y respondieron preguntas sobre sus niveles de actividad física. Estos mismos participantes luego repitieron el cuestionario de personalidad en 2011.

El otro estudio abarcó todo Estados Unidos e involucró a más de 2500 participantes que participaron por primera vez entre 1995 y 1996, cuando respondieron preguntas sobre su personalidad y actividad física. Los mismos participantes proporcionaron datos de seguimiento de la personalidad en 2013 – 2014. Todos los estudios registraron información extensa sobre la salud de los participantes y sobre cualquier enfermedad o problema psicológico.

Los hallazgos revelaron consistentemente que la inactividad física se correlacionaba directamente con un deterioro significativo de la personalidad décadas más tarde. Específicamente, los investigadores encontraron que cuanto más sedentaria fue una persona al inicio del estudio, más aguda era la disminución en su escrupulosidad, amabilidad, extraversión y apertura, dos décadas después.

El estudio controló efectivamente los factores demográficos y de vida, mostrando que el efecto de la actividad física (o la falta de ella) en el cambio de personalidad, fue tan grande o mayor que los cambios de personalidad derivados de factores demográficos e incluso la carga de una enfermedad.

Al respecto, el investigador Yannick Stephan, afiliado a la Universidad de Montpellier y autor principal del estudio, expresó: “No ejercitarse podría literalmente tener un efecto más perjudicial en la personalidad que vivir en la pobreza o sufrir una enfermedad autoinmune”.

Los autores del estudio indican que, a pesar de lo robusto de las correlaciones observadas, no se puede afirmar causalidad. Factores adicionales, como la genética o eventos de la vida anterior, podrían estar afectando los niveles de ejercicio y la personalidad misma. Sin embargo, subrayan que los resultados coinciden con estudios que sugieren que la personalidad está relacionada con la salud.

Referencia: Physical activity and personality development over twenty years: Evidence from three longitudinal samples. Journal of Research in Personality, 2018. https://doi.org/10.1016/j.jrp.2018.02.005