El físico teórico Enrico Fermi, reconocido por ser el creador del primer reactor nuclear del mundo, hizo algunos cálculos y planteó un problema inquietante y aparentemente intratable en el corazón del tema de la vida extraterrestre, o mejor dicho, su ausencia.

Existen miles de millones de estrellas que son similares al Sol, siendo algunas de ellas considerablemente más antiguas. Dado esto, existe una probabilidad extremadamente alta de que planetas similares a la Tierra también existan en abundancia y por lo tanto, algunos deben albergar vida inteligente.

Si esto es así, entonces algunas de las formas de vida inteligentes deben haber desarrollado un viaje interestelar. Por consiguiente, incluso a un ritmo lento, algunas de estas civilizaciones ya deberían haber cruzado completamente la Vía Láctea. Pero hasta ahora no hemos sido capaces de encontrar algún vestigio de su existencia.

Esto es lo que se conoce como la paradoja de Fermi y básicamente plantea la contradicción entre la alta probabilidad de que haya vida extraterrestre y el hecho de que no hayamos encontrado ninguna evidencia de su existencia.

Por supuesto que han surgido posibles explicaciones; una plantea que los humanos no estamos utilizando las técnicas de búsqueda correctas; otra propone que los extraterrestres han encontrado manera de mantenerse ocultos.

También se ha propuesto que al ser el universo tan antiguo, civilizaciones enteras han surgido y finalmente se han extinguido sin superposición; y hasta se ha propuesto que todas las civilizaciones avanzadas están tan ocupadas escuchando las señales de los demás que ninguna se ha ocupado de emitir una.

En este sentido el físico teórico Alexander Berezin, de la Universidad Nacional de Investigación de Tecnología Electrónica (MIET) en Rusia, descarta estos argumentos porque “invocan suposiciones bastante controvertidas”, y presenta una solución al respecto.

 

Berezin sugiere que el problema con algunas soluciones propuestas para la paradoja de Fermi es que definen la vida extraterrestre de manera demasiado estrecha. Se ha sugerido para clasificar como vida cualquier entidad que presente los siguientes rasgos: homeostasis, organización, metabolismo, crecimiento, adaptación, receptividad y reproducción.

Para nuestros propósitos inmediatos, esta lista se puede simplificar aún más. La naturaleza específica de las civilizaciones que surgen al nivel interestelar no debería importar. Podrían ser organismos biológicos como nosotros, una forma de inteligencia artificial o mentes distribuidas a escala planetaria.

El único parámetro con el que debemos preocuparnos, en términos de definir la vida extraterrestre, es el umbral físico en el que podemos observar su existencia.

En este entorno, el teórico sugiere que la primera forma de vida que logre viajar a través de las estrellas necesariamente erradicaría toda competencia para alimentar su propia expansión.

Si la humanidad logra realizar viajes interestelares, puede estar condenada a destruir todas las demás especies del universo; si no lo hacemos, es probable que seamos destruidos.

Una civilización extraterrestre altamente desarrollada destruiría otras formas de vida, pero quizás lo haga sin darse cuenta, del mismo modo que un equipo de construcción derriba un hormiguero para construir un inmueble, simplemente porque no tiene incentivos para protegerlo.

Suponiendo que la hipótesis anterior es correcta, Berezin manifiesta que la única explicación es la invocación del principio antrópico: somos los primeros en llegar a la etapa interestelar y, lo más probable, seremos los últimos en irnos.

En otras palabras, explica Berezin, “somos la resolución de la paradoja manifestada. Somos nosotros, nuestra especie, quienes se extenderán por el universo, derribando hormigueros en el camino. Evitar este destino es imposible, porque requerirá la existencia de fuerzas mucho más fuertes que el libre albedrío de las personas.”

Al concluir su artículo, el autor agrega que espera que esté equivocado en su predicción.

Referencia: “First in, last out” solution to the Fermi Paradox. Popular Physics, 2018. https://arxiv.org/abs/1803.08425v2