Comunidades Aisladas

A principios de este mes, la República Democrática del Congo declaró un nuevo brote del virus del Ébola después de que 17 personas murieran a causa de la fiebre hemorrágica viral. Las últimas cifras indican que ha habido 52 casos de ébola y 22 muertes confirmadas en la región noroeste del país.

El virus, que tiene un período de incubación de dos a 21 días, causa fiebre, fatiga, dolor muscular, dolor de cabeza y de garganta, vómitos, diarrea, erupción cutánea y, en algunos casos, hemorragia interna y externa, lo que le hace potencialmente mortal. Se puede transmitir de animales a humanos y en contacto de persona a persona, incluidas las relaciones sexuales.

Si bien no existe un tratamiento probado específicamente para el virus, las personas pueden sobrevivir a través del tratamiento de los síntomas, que incluyen la administración de líquidos orales e intravenosos, terapias inmunes y con medicamentos.

Esta es una situación que enciende las alarmas epidemiológicas en toda la región. La Organización Mundial de Salud (OMS) expresó que había preocupaciones de que la enfermedad se propagara desde la ciudad de Mbandaka a la capital de Kinshasa. Pero estas inquietudes no sólo apuntan a las grandes ciudades, las comunidades aisladas son las que generan mayor mortificación a las autoridades sanitarias.

Los precedentes sobran. Históricamente el impacto de las enfermedades infecciosas en estas comunidades revela grandes tragedias y en algunos casos la desaparición de poblados enteros.

La alta vulnerabilidad de estas poblaciones se debe principalmente a la falta de inmunidad. El sistema inmune aprende cómo defenderse de los virus y recuerda cómo destruir los agentes patógenos que provocan enfermedades, lo que se conoce como exposición natural.

Este conocimiento inmune se adquiere no sólo de lo que el propio sistema inmune ha aprendido, sino también de nuestra madre, a través de la lactancia materna. Sin embargo, en el mundo moderno, la mayor fuente de “aprendizaje” para nuestro sistema inmune es a través de vacunas.

Pero existe una variedad de factores que influyen en los devastadores efectos que las enfermedades infecciosas tienen en estas comunidades, incluyendo el acceso local a alimentos nutritivos, el tipo de vivienda que estas personas tienen y cuántas viven juntas.

Del mismo modo, la poca o ninguna disponibilidad de atención médica, el nivel y tipo de contacto con los animales, que pueden ser reservorios de infecciones y el escaso acceso a agua potable, juegan un papel elemental en esta lamentable realidad.

Además hay factores culturales como el papel de las técnicas tradicionales de curación, que pueden agravar una enfermedad y causar la muerte, o causar demoras en el acceso a la atención médica que puede funcionar. Además, el estigma que provoca el miedo a “lo desconocido” puede afectar las conductas de búsqueda de atención sanitaria, lo que agrava el efecto devastador que las enfermedades infecciosas tienen en estas comunidades.

Referencias:

A systematic review of zoonotic enteric parasitic diseases among nomadic and pastoral people. Plos One, 2017. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0188809

New World Depopulation and the Case of Disease. Journal of Anthropological Research, 1982. https://doi.org/10.1086/jar.38.1.3629951

Highland-lowland contrasts in the impact of old world diseases in early colonial Ecuador. Social Science & Medicine. https://doi.org/10.1016/0277-9536(93)90239-Z