Gamefly

EA compró el servicio de streaming Gamefly, junto al equipo israelí que desarrolló la plataforma. No se conoce por cuánto se saldó la compra, pero EA aclaró que ahora tanto la tecnología y el equipo de desarrolladores pasaron a formar parte de la compañía, y que el negocio existente de Gamefly permanece intacto.

La compra tiene que ver con los planes de expansión de Electronic Arts, para llegar a más audiencias que no necesariamente quieran comprar una consola o una computadora especial para videojuegos. La plataforma va de la mano con el proyecto de ‘Origin Access’ y el servicio de suscripción de ‘EA Access’, que permite a la gente acceso instantáneo a la librería con juegos de EA y de otras compañías como Warner Bros. Interactive Entertainment.

El jefe de tecnología de EA, Ken Moss, explicó que “los videojuegos en la nube es una frontera emocionante que nos ayudará a darle la posibilidad a muchos más jugadores para que jueguen en cualquier dispositivo en cualquier parte”. “Estamos ilusionados con traer la experticia de este talentoso equipo a EA mientras continuamos innovando y expandiendo el futuro de los videojuegos”, añadió.

El negocio de videojuegos en la nube es una tendencia que se ha vendido consolidando en los últimos años. El éxito de Steam ha apurado a las grandes compañías desarrolladoras para armar sus propios servicios de streaming, de hecho, el año pasado, EA sobre sus intenciones de lanzar un servicio de streaming en los próximos dos o tres años y la adquisición de Gamefly es un claro resultado de ese plan. Microsoft también trabaja actualmente en un proyecto de streaming para X-box que estaría listo para 2020. Por su parte, Sony tiene su propio servicio llamado Playstation Now.

Servicios de streaming como Netflix, Hulu, Spotify o Pandora, son usados por millones de personas en todo el mundo y siguen expandiéndose. En el caso de la industria de videojuegos, el mercado digital aún es pequeño, y se debe en parte a elementos como la compatibilidad de los controles con los dispositivos y la adaptabilidad del juego que no permiten que la experiencia sea cómoda para los usuarios.