El conocimiento astrológico es de dominio público, vemos programas de televisión dedicados al horóscopo, redes sociales inundadas de este tipo de contenido, e incluso, se ha colado en las conversaciones cotidianas. A partir de los años noventa se ha popularizado la astrología, lo que se ha traducido en el desarrollo de escuelas, talleres, grupos de estudio y hasta comunidades virtuales dedicadas a este campo, a pesar de que las ciencias se han encargado de desmentir este tipo de conocimiento.

La astrología es un sistema de conocimiento que data de los años 3000 AC en Mesopotamia, desarrollada por los antiguos Sumerios que estudiaron los movimientos de los planetas en el zodiaco. Para ese momento, la astronomía, la astrología y la religión estaban unidas por un mismo propósito: entender a la humanidad en un vínculo constante con la naturaleza que le rodea, por lo que las personas sincronizaban todo de su vida cotidiana con el movimiento de las estrellas.

Más adelante, ese vínculo se perdió: la astronomía se asoció a las ciencias naturales, desechando explicaciones metafísicas y la religión olvidó la supuesta influencia de los astros sobre el comportamiento humano.

No obstante, a partir de los años noventa, gracias al desarrollo de software especializados, desarrollar el conocimiento astrológico se hizo sumamente fácil, poniendo la astrología al alcance de todos. En este sentido, las herramientas permitieron una comprensión más sencilla del campo, lo que se traduce en que, en los últimos años, esta forma de ver el mundo se popularizara en extremo.

En la actualidad, son muchas las personas que leen su horóscopo de forma habitual y casi ritualista, a pesar de que es un conocimiento inexacto. Al respecto se plantea que los horóscopos a los que comúnmente estamos expuestos solo pueden acertar un 30% de lo que predican, y aun así leemos el horóscopo con curiosidad, tratando de encontrar el sentido de nuestras vidas en el comportamiento de los astros.

Sabiendo esto, indudablemente se trata de un fenómeno que despierta la curiosidad de muchos: ¿Por qué las personas siguen los consejos astrológicos a pesar de que no tienen fundamentación científica y, la mayor parte de las veces, no resultan verdaderos? A continuación trataremos de encontrar respuestas a esto.

¿Conocimiento de los astros o sentido común?

Si leemos cualquier horóscopo con atención, podemos entender por qué las personas quedan enganchadas con ellos, por ejemplo: “Cáncer: cuando otras personas le tiren piedras a tus ideas, ni siquiera te molestes en arrojárselas de vuelta, es una pérdida de tiempo y energía. Guarda las piedras como si fuesen un regalo y úsalas para construir tu imperio”.

Tal como vemos, estos planteamientos no son más que consejos de vida útiles, disfrazados de sabiduría astrológica. En este sentido, tomamos los consejos derivados por los astrólogos y los proyectamos sobre nuestras propias vidas.

En otras palabras, el cerebro humano tiende a ver demasiadas cosas en generalizaciones vagas, por lo que, si en una supuesta descripción de nosotros mismos existen tales generalizaciones, tendemos a creer que son una descripción fiel de nuestras características, más aún si esto es reforzado por la presentación de unos cuantos rasgos positivos.

Así, vale lo mismo que un astrólogo le diga a Aries o a Piscis que “es imposible escribir, bailar o dibujar si no se está conectado con sus emociones”, pues es un consejo aplicable a cualquier persona, en independencia de su signo astrológico; se trata de un conocimiento general sobre la vida, derivado de la sabiduría popular o del sentido común.

Cualquier abuela puede dar esta muestra de sabiduría, sin haber estudiado previamente el movimiento de las estrellas; sin embargo, tomamos lo que dicen los astrólogos como si lo hubiesen escrito para hablarnos directamente a nosotros mismos sin analizarlo de forma crítica, lo que refuerza la fe que se tiene sobre el campo astrológico, tal como veremos a continuación.

El fenómeno de la sugestión

La sugestión es un proceso psicológico a partir del cual, una persona o medio de comunicación puede manipular conceptos, creencias y comportamiento a partir de la emisión de contenidos informativos que guían o dirigen los pensamientos, sentimientos, conductas y emociones de otras personas.

En este sentido, la influencia que supuestamente tienen los astros sobre las personas no es más que este proceso psicológico actuando bajo la forma de consejos emitidos por “expertos” en el tema: somos sugestionados a creer que probablemente sea una mala semana porque mercurio está en retrógrado.

Para analizar mejor este fenómeno, es necesario comprender lo que se conoce como el “Efecto Forer”; este planteamiento fue desarrollado por el Psicólogo Bertram Forer en 1948 tras varios estudios que le permitieron concluir que cuando se nos entregan afirmaciones con ciertas características específicas, es bastante probable que creamos que son personales y dirigidas hacia nosotros, a pesar de que no sea así.

En el experimento clásico, el Psicólogo hizo que un grupo de estudiantes llenasen un test individualizado de personalidad, tras lo que les entregó los resultados indicándoles que estos tenían un análisis preciso de la organización psicológica de cada uno; luego, les solicitó que evaluaran la exactitud de este resultado.

La mayoría de los participantes opinaron que el análisis era excelente, pues se ajustaba bastante bien a su personalidad, dándole un promedio de 4,26 sobre 5 en relación a qué tan adecuado era. No obstante, el detalle estaba en que los resultados no eran producto del análisis, de hecho, ni siquiera eran personalizados: era el mismo texto para todos, tomado de los horóscopos.

Esto se debe a que, cuando el ser humano interpreta la realidad, lo hace sobre la base de prejuicios cognitivos, que muestran una tendencia a aceptar descripciones ambiguas y generales como si fuesen originales y personalizadas.

Para que esto ocurra, deben estar presentes ciertos sesgos: en primer lugar, el sesgo de obediencia a la autoridad, a partir del cual tendemos a aceptar como verdadero lo que nos dicen nuestras figuras de autoridad en algún campo de conocimiento, como los astrólogos; en segundo lugar, el sesgo de autoservicio o la tendencia a dar por verdaderas las descripciones de la realidad que nos satisfacen en contraposición a aquellas que no nos muestran una realidad tan bonita.

En tercer lugar, en el ser humano existe la tendencia a tomar como verdaderas aquellas explicaciones que dan sentido a nuestras experiencias, aceptando las afirmaciones que confirman nuestros puntos de vista y rechazando el resto; es lo que se conoce como el sesgo de confirmación.

Adicionalmente, los astrólogos suelen echar mano de lo que se conoce como el “Truco del arcoíris”, asegurando algunos aciertos; por ejemplo, predecir: “tendrás días alegres este año y, también, algunas tristezas inesperadas”, es como decir que en Latinoamérica va a llover en algunas regiones, mientras que en otras habrá sequía ¡Es imposible fallar!

En síntesis, cuando nos ocurre algún evento inesperado, como cuando somos despedidos del trabajo, es más fácil creerle a un experto en astrología (sesgo de autoridad) que esto ocurrió porque mercurio está retrógrado, lo que nos ocasionó mala suerte (sesgo de confirmación), en lugar de aceptar que no estábamos haciendo las cosas de la forma más adecuada en nuestro entorno laboral (sesgo de autoservicio), lo que refuerza nuestras supersticiones.

Conducta supersticiosa

Las supersticiones son creencias, ideas mágicas e irracionales cuyo contenido consiste en asociaciones entre determinados hechos, objetos o situaciones, ya sea con seguridad y beneficios o, por el contrario, con peligro y perjuicios, tal como “si llevo mi bolígrafo de la suerte, obtendré buenas calificaciones en las evaluaciones finales.

En este sentido, la conducta supersticiosa gira en torno a una ilusión de control creada por nosotros mismos al creer que podemos controlar una situación determinada a partir de comportamientos que realmente no están relacionados con los objetivos que se pretenden cumplir

Desde siempre, el ser humano ha necesitado explicar su realidad para poder controlarla, adquiriendo un sentido de seguridad, y, ante la ausencia de explicaciones o malas explicaciones, preferimos estas últimas; por ejemplo, ante una situación inesperada tal como perder cierta cantidad de dinero en una apuesta que creíamos segura, al no encontrar una explicación lógica que nos resulte satisfactoria, buscaremos la causa en alguna circunstancia aleatoria o casual que se haya dado al mismo tiempo, como llevar puesta una camisa amarilla.

Esta conducta supersticiosa, como cualquier otra, se aprende a partir de una asociación -en este caso accidental o casual- entre dos eventos, y, a pesar de que de vez en cuando fallemos en las predicciones, el hecho de que en alguna ocasión acertemos, es condición suficiente para mantener las creencias y las expectativas respecto a la situación en particular.

Aun más, en ocasiones, ni siquiera es necesario tener experiencias directas con las situaciones para aprender de ellas, basta con que lo veamos o escuchemos el consejo de otros: todos hemos aprendido que no debemos tocar los enchufes con las manos mojadas a pesar de que no todos hemos sufrido una descarga eléctrica por esto.

Teniendo esto en cuenta, es posible afirmar que creer en los horóscopos no es más que un comportamiento supersticioso: son afirmaciones generales y vagas, aplicables a cualquier persona en cualquier momento, que, por estas mismas características, pueden hacerse realidad en algún momento, reforzando la fe en ellos y manteniendo a las personas enganchadas en la publicación diaria de las predicciones astrológicas.

Referencias

1. Avia, M., Senén, J. y Simón, A. (s.f.). La falacia de la validación personal: más efectos placebo. Universidad Complutense de Madrid.

2. Risen, J. (2016). Believing What We Do Not Believe: Acquiescence to Superstitious Beliefs and Other Powerful Intuitions, Psychological Review, 123(2), 182 – 207. https://www.apa.org/pubs/journals/features/rev-0000017.pdf