Desde épocas antiguas el ser humano se ha preocupado por diferenciarse de los animales, a partir de lo que se ha cuestionado respecto a las cualidades que nos definen como humanos o sobre cuál es la esencia de lo que se conoce como humanidad; para muchos, una característica primordial de nuestra especie es precisamente esa, la capacidad de cuestionarnos respecto a nuestra condición como seres vivientes en el mundo y el papel que desempeñamos en este.

Uno de los primeros en cuestionarse sobre esto fue Platón, quien, de acuerdo a la historia de la filosofía, partía de la premisa de que el ser humano es, a grandes rasgos, un ser bípedo y sin plumas –vale acotar, que hace la aclaratoria respecto a la ausencia de las plumas teniendo en cuenta que las aves también son bípedas-; por más extraño que pudiese parecer, para Platón, la asociación entre la postura corporal y la ausencia de cobertura corporal estaba relacionada con la inteligencia.

A pesar de que la postura corporal es una característica definitoria del ser humano bastante obvia, Platón usaba la postura erguida como una metáfora en la que se explicaba que la mente racional se encuentra lo suficientemente alejada del centro de funciones netamente biológicas, tales como el aparato reproductor o el sistema digestivo, distinguiéndonos de los animales.

En este sentido, para Platón, la cabeza es el acrópolis del cuerpo o, en otras palabras, su punto más alto, tanto a nivel literal como metafórico. Así, la verticalidad postural implica un carácter superior de la mente racional, la sabiduría, la nobleza, la belleza y la bondad, es decir, virtudes netamente humanas, sobre funciones más biológicas, compartidas con los animales.

También, desde la religión, se le ha dado cabida a la postura como cualidad intrínsecamente humana; por ejemplo, desde la tradición judeo- cristiana, en escrituras sagradas se puede leer: “cuando nuestro padre había cumplido sus labores y agotado todas las formas posibles en la tierra, hizo una pausa y examinó sus obras; con afecto materno extendió su mano hacia la última criatura de su arte, el ser humano, y dijo: ¡Ponte de pie en la tierra!”.

Esta postura no se ha salvado de críticas, sin embargo, no podemos negar que, al menos biológicamente, el ser humano evolucionó para mantener una postura erguida y caminar sobre sus dos pies, distinguiéndole de la mayoría de los animales en la tierra. Veamos a continuación un resumen de este proceso evolutivo para más adelante analizar diferentes posturas filosóficas respecto a lo que es el ser humano.

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La postura erguida y la marcha bípeda como características evolutivas del ser humano

El ser humano desciende de los homínidos, es decir, una especie de primates bípedos que surgieron hace aproximadamente siete millones de años en África, cuando este continente se vio afectado por una salvaje sequía que redujo las áreas boscosas y selváticas de la región.

Una de las primeras características que apareció en el proceso de hominización, influenciado por los cambios climáticos, al pasar de ambientes selváticos a un ecosistema de sabana, es la postura erguida, lo que le permitía a los homínidos cruzar las altas hierbas, además de las zonas pantanosas.

De acuerdo a un estudio dirigido por el profesor de la Escuela de Antropología de la Universidad de Arizona, David Raichlen, los primeros homínidos que abandonaron los árboles y empezaron a caminar erguidos sobre sus dos pies aparecieron hace 3.600 millones de años.

Esta afirmación se hace a partir de una investigación, llevada a cabo en 1960, en la que encontraron marcas de pisadas del grupo homínido denominado como Australopithecus Afarensis, parte de la cadena evolutiva del ser humano, en función de las cuales fue posible determinar que fueron estos los primeros en adoptar una posición erguida.

Este modo de caminar fue una de las maneras más eficaces de moverse en el suelo, requiriendo varios cambios evolutivos a nivel anatómico, tales como el alargamiento de las extremidades inferiores, el acortamiento y el ensanchamiento de la pelvis, el ajuste de los músculos de la cadera, cambios en el pie, curvaturas hacia adelante en la región lumbar de la columna vertebral, entre otras; características anatómicas que solo se encuentran en el ser humano.

Asimismo, esta cantidad de modificaciones anatómicas que condujeron del cuadrupedismo al bipedismo, requirieron fuertes presiones selectivas; al respecto, se plantea que el andar bípedo representó un aumento de la eficacia en el desplazamiento de largas distancias sobre terrenos abiertos facilitando que estos antepasados del hombre pudiesen caminar para alcanzar grupos de árboles situados en la lejanía.

De igual forma, el cambio postural implicó otras ventajas a nivel evolutivo, tales como la posibilidad de ojear el horizonte por encima de la vegetación herbácea para buscar árboles o evitar depredadores, la posibilidad de transportar cosas, como comida, al tener las manos liberadas de la función locomotora, el ahorro de energía y el aprovechamiento de los recursos del medio para adaptarse a un ecosistema de tipo sabana; todo esto, representaba un aumento de las probabilidades de supervivencia.

No obstante, también se destacan algunas desventajas de la bipedestación, tal como cambios anatómicos en la cadera, reduciendo el canal de parto, haciendo que el alumbramiento sea más difícil y doloroso para los seres humanos.

Vemos como los procesos evolutivos se tradujeron en que el ser humano heredase una característica definitoria de la especie: la postura erguida y el paso bípedo. Sin embargo, vale preguntarse: ¿Es posible definir al ser humano únicamente en función de esto? ¿Se puede reducir la esencia humana a una característica netamente biológica?, para responder esto es necesario echar mano de la filosofía.

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La visión filosófica del ser humano

La Filosofía se trata de un conjunto de reflexiones respecto a la esencia, propiedades, características, causas y efectos de las cosas naturales, particularmente sobre el hombre y la naturaleza. Por lo tanto, no resulta sorprendente que desde este campo se haya abordado, a gran profundidad, la inquietud respecto a la esencia que nos caracteriza como seres humanos.

Al respecto, ya vimos que para uno de los filósofos más importantes a lo largo de la historia, Platón, una de las cualidades inherentes a la humanidad es la postura erguida, que pone en un plano superior a la mente racional sobre los procesos biológicos.

No obstante, este planteamiento no ha estado exento de críticas y hasta burlas; tal como la respuesta que obtuvo de Diógenes de Sinope, conocido como “El Cínico”, quien en una oportunidad llevó un pollo a la Academia de Platón, declarando: “Aquí está el hombre de Platón”.

En líneas generales, desde la Filosofía, se han desarrollado distintos conceptos filosóficos del ser humano; por ejemplo, Los Presocráticos, definen al hombre como una parte del cosmos compuesto por el cuerpo y el alma, teniendo este último elemento, un carácter divino y definitorio sobre lo que es el ser humano.

Al respecto, Sócrates plantea que la capacidad de reflexionar sobre su existencia y la constante búsqueda de sí mismo, son las cualidades que definen al ser humano en tanto especie, es decir, la principal característica del hombre es la virtud de saber responder racionalmente a cualquier pregunta que se le haga sobre sí mismo.

Por su parte, Aristóteles plantea que el hombre es un animal político cuya finalidad es la felicidad, compuesto por un alma que anima al cuerpo y que es inseparable de este. Mientras tanto, para Immanuel Kant, la característica definitoria del ser humano es el potencial de usar su propia mente sin la guía de otros; entonces, se trata de un animal con propósito con la capacidad de ser autónomo a través de la razón y de la libertad.

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El ser humano se define por su interacción

Teniendo todo esto en cuenta, queda bastante claro que el ser humano es una especie bastante particular, capaz de cuestionarse acerca de su verdadera esencia, para lo que se han buscado respuestas desde distintos campos.

No obstante, y a modo de conclusión, no es posible reducir las respuestas a esta inquietud humana a una sola dimensión, ya sea desde una perspectiva evolutiva-biologicista, aludiendo a la postura corporal y a la marcha bípeda, o desde una perspectiva netamente filosófica desde la que se postula la cualidad de autodeterminación como característica definitoria de lo humano.

Si bien el cuestionamiento respecto a la esencia de lo humano no puede ser totalmente respondida, es necesario aclarar que el hombre es un organismo biológico en constante interacción con un medio ecológico y social, a partir del que se determina su comportamiento; esto resulta en una compleja situación a partir de lo que resulta difícil reducir las explicaciones respecto a lo humano sobre una sola dimensión.

Referencias

1. Origen del estar de pie y andar erguidos. Revista de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. 2006. http://www.rac.es/ficheros/doc/00467.pdf

2. Kant, I. Idea for a universal history with a cosmopolitan aim. In Zöller, G. & Robert B. Louden, R.B. (Eds.) Anthropology, History and Education: The Cambridge Edition of the Works of Immanuel Kant(trans. Wood, A.) Cambridge University Press, New York, NY (2007).

3. Quoted by Grene, M. & Depew, D. The Philosophy of Biology: An Episodic History Cambridge University Press, New York, NY (2004).

4. Mack, M. The other. In Forster, M.N. & Gjesdal, K. (Eds.) The Oxford Handbook of German Philosophy in the Nineteenth Century Oxford University Press, New York, NY (2015).