En noviembre de 2016, alrededor de 100,000 personas formaron parte de una serie de experimentos de física cuántica bajo el proyecto The BIG Bell Test. A través de móviles inteligentes y otros dispositivos con conexión a Internet, las personas aportaron bits de datos que fueron repartidos en 12 centros de análisis en todo el mundo, y que permitieron determinar de qué forma se miden los fotones, átomos y superconductores.

En concreto, los investigadores utilizaron estos datos para cerrar una brecha en las pruebas sobre la teoría del realismo local realizadas por Albert Einstein, donde estaba planteado un universo independiente de la observación humana en el que no existía influencia alguna que viajase más rápido que la luz y donde 2 objetos que estén suficientemente alejados son capaces de interactuar entre sí.

En este sentido, el estudio permitió concluir que la teoría sobre el realismo local defendida por Einstein no es base suficiente para explicar cómo se comporta la materia desde el punto de vista cuántico.

Ahora bien, el realismo local plantea que si todas las variables de un sistema cerrado son conocidas sin influencia externa, es posible predecir cuál será el comportamiento de cualquier átomo, cuerpo, planeta o partícula de dicho sistema. Esto se traduce en lo siguiente: si existe un efecto, es porque hubo algo en su entorno que lo ocasionó.

Bohr fue otro científico cuya teoría sobre el mundo cuántico iba en contra de la planteada con Einstein, ya que afirmaba que no es posible predecir el comportamiento de las variables aún sin son todas conocidas. Sin embargo, en 1964, John Bell creó un experimento para romper este debate.

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El entrelazamiento cuántico es un fenómeno que no se puede intuir, nadie sabe por qué ocurre y, sin embargo, es posible observarlo. En el caso de Bell, el científico creó una ecuación que le permitió analizar el estado de dos partículas entrelazadas separadas. En caso de que los estados se relacionasen, la conclusión sería que las partículas influirían una sobre otra a distancia.

Esta teoría iba en contra del realismo local de Eintein, pero hasta ahora no era exacto el análisis de las partículas, lo que afectaría el resultado final. Por ello, los científicos de The BIG Bell Test, recurrieron a la libre elección de personas de todo el mundo, que nada tenían que ver con las partículas del experimento.

La manera perfecta de captar los datos de tantas personas fue mediante un videojuego, donde debían ingresar series de unos (1) y ceros (0) con tanta rapidez como fuese posible y de forma totalmente aleatoria. Así, se produjeron los 90 millones de bits en apenas 48 horas.

Según los investigadores, este resultado no representa una refutación a la teoría de Einstein sobre el realismo local, sino más bien una manera de probar que la física cuántica es correcta. Las conclusiones del estudio son influyentes en el sector de las comunicaciones cuánticas, basada en el entrelazamiento de partículas.

El informe con los resultados del experimento fueron divulgados a través de la revista Nature. Allí se revela que los datos recopilados para realizar los trece experimentos, fueron coordinados desde el Instituto de Ciencias Fotónicas, ubicado en Barcelona, España.

Referencia: Challenging local realism with human choices. Nature 557, 212-216 (2018). doi:10.1038/s41586-018-0085-3