Cierto pasaje de la mitología griega se refiere a la historia de un cazador llamado Narciso, el cual se enamoró de sí mismo cuando vio su propia imagen reflejada en un pozo de agua. Esta referencia es la que da origen al término narcisismo, un trastorno de personalidad que se distingue por el interés excesivo o erótico en uno mismo y en la propia apariencia física, que suele estar acompañado por una visión grandiosa de los talentos propios y un ansia de admiración exagerada.

Lamentablemente el narcisismo no se limita a una referencia mitológica. Su presencia en el entorno laboral es más usual de lo deseable y con frecuencia, se revelan en tendencias como tomar el crédito por el trabajo de los demás, aparentar una importancia irreal o querer ser el centro de atención.

Hasta ahora, se suponía que los narcisistas tendían a tomar posiciones poderosas para satisfacer su propio ego, pero investigaciones recientes sugieren que el poder mismo puede crear narcisistas.

En este sentido, un reciente estudio descubrió que dotar a las personas de poder incrementa los componentes socialmente tóxicos del narcisismo, lo que los lleva a abusar de las posiciones de jerarquía.

La profesora Nicole Mead, afiliada a la Universidad de Melbourne y autora principal del estudio, explica: “Los narcisistas pueden sentir que tienen derecho: esperan y exigen respeto de los demás, así como privilegios especiales. Están dispuestos a explotar a otros para obtener lo que quieren.”

El estudio busca profundizar en la relación que existe entre el poder y el narcisismo, en parte para ayudar a explicar los comportamientos socialmente tóxicos de las personas poderosas. Si bien el poder no convierte a todos en un tirano destructivo, tiene efectos perniciosos cuando llega a manos de quienes más lo quieren.

Al respecto, la Dra. Mead señala: “El poder aumentó el narcisismo sólo entre aquellos con niveles altos de testosterona, es decir, personas que desean alcanzar y conservar posiciones de poder.

Para comprobar esa premisa, los investigadores reclutaron a 206 participantes, tanto mujeres como hombres, y se les dijo que formarían parte de un estudio de dinámica grupal. Los investigadores tomaron muestras de saliva y pidieron a cada persona completar tareas enmarcadas como medidas de habilidades de liderazgo.

A todos los participantes se les instó a lograr el mejor puntaje de liderazgo, pero sólo a la mitad de los participantes se les dijo que serían “jefes”. Esto implicaba que podían controlar a sus subordinados y las recompensas asociadas con la tarea del grupo. A la otra mitad se les dijo que tenían el mismo control sobre la misma tarea.

Los investigadores evaluaron el narcisismo utilizando la medida de narcisismo más comúnmente utilizada: el Inventario de Personalidad Narcisista.

Luego de estandarizar los niveles de testosterona, los investigadores encontraron que los participantes con niveles relativamente bajos de testosterona no se vuelven narcisistas cuando están en una posición de poder.

Sin embargo, los participantes que tenían niveles relativamente altos de testosterona, cuando ocuparon la posición de poder, mostraron un aumento en los componentes tóxicos del narcisismo, lo que a su vez explicaba su mayor disposición a hacer un mal uso de su poder.

Los autores del estudio expresan que los resultados observados sugieren que las personas con niveles altos de testosterona pueden estar inclinadas a abusar de su poder, porque al tenerlo se sienten con derecho a recibir un tratamiento especial.

Referencia: Power increases the socially toxic component of narcissism among individuals with high baseline testosterone. Journal of Experimental Psychology, 2018. DOI: 10.1037 / xge0000427