Crianza

Durante siglos la cuestión de si el comportamiento humano es impulsado por fuerzas biológicas innatas o es producto de nuestro aprendizaje y el medio ambiente, ha sido una discusión popular entre la comunidad científica. Pero la controversia se acentúa cuando el cuestionamiento se orienta a las diferencias sexuales.

Algunos sostienen que las diferencias de comportamiento entre hombres y mujeres se deben principalmente a influencias culturales, mientras que otros argumentan que las diferencias de sexo están determinadas en gran medida por la biología.

Pero la situación es más compleja y no se puede reducir a determinar simplemente si se trata de blanco o negro, cuando en realidad existe una amplia gama de grises que involucra a los dos factores y que tienden a confundirse y fusionarse.

Uno de estos factores es el sexo biológico, que está determinado por los cromosomas. El otro es el género, que está influenciado en gran medida por el proceso de socialización. A medida que crecemos, aprendemos las normas de la sociedad sobre cómo se ven y actúan los hombres y las mujeres; para la mayoría de las personas, el sexo y el género coinciden, por lo que se ajustan inadvertidamente a estas normas.

Por un lado, existen diferencias estructurales y anatómicas entre los cerebros masculino y femenino. Estas discrepancias probablemente se establecen en el útero, debido a los efectos de las hormonas sexuales, que masculinizan o feminizan el cerebro a medida que se desarrolla.

Sin embargo, todavía no entendemos los efectos de las hormonas sexuales en el cerebro en desarrollo, o cómo las sutiles diferencias observadas entre los cerebros de hombres y mujeres están relacionadas con las diferencias en su comportamiento.

Por otra parte, quienes se oponen al origen biológico del comportamiento, sostienen que son los factores ambientales los que realmente moldean nuestro comportamiento. Esto incluye el uso de acondicionamiento para inducir o alterar el comportamiento de un niño.

El psicólogo John Watson, uno de los más acérrimos defensores de este enfoque, propuso que era posible entrenar a un bebé elegido al azar para convertirse en cualquier tipo de especialista que deseara. Afirmó que podría entrenarlo para que sea así independientemente de las potencialidades, talentos y raza del niño.

Bajo este punto de vista la influencia de la crianza aportada por los padres resultaría determinante en la formación de la persona, más allá del ascendente genético.

Pero como suele suceder en los extensos debates, cuando ambos tienen argumentos válidos, esperar por una definición parece no ser algo útil; en cambio tratar de entender cómo la naturaleza y la crianza interactúan en el modelado del comportamiento, pudiera ser una alternativa más sensata.

Es por esta razón en la actualidad es ampliamente aceptado que la herencia y el medio ambiente no actúan de forma independiente. Tanto la naturaleza como la crianza son esenciales para cualquier comportamiento, y no se puede decir que un comportamiento particular sea genético y otro sea ambiental. Es imposible separar las dos influencias ya que la naturaleza y el aprendizaje no operan de manera separada sino que interactúan de manera compleja.

Referencias:

The tangled tale of genes and environment: Moore’s The dependent gene: The fallacy of “nature vs. nurture’. The Behavior Analyst, 2007. PMC2223161

Transmission of aggression through imitation of aggressive models. The Journal of Abnormal and Social Psychology, 1961. http://dx.doi.org/10.1037/h0045925

Intelligence and brain size in 100 postmortem brains: sex, lateralization and age factors. Brain, 2005. https://doi.org/10.1093/brain/awh696

Sex beyond the genitalia: The human brain mosaic. PNAS, 2015. https://doi.org/10.1073/pnas.1509654112

Más en TekCrispy