Urano

Incluso después de décadas de observaciones y una visita de la nave espacial Voyager 2, Urano, el séptimo planeta del sistema solar, mantuvo un secreto crítico: la composición de sus nubes. Ahora, uno de los componentes clave de las nubes del planeta finalmente ha sido confirmado.

Investigadores de la Universidad de Oxford pudieron comprobar que las nubes en la atmósfera superior de Urano están compuestas principalmente de sulfuro de hidrógeno, la misma sustancia volátil que le da a los huevos podridos su distintiva y particular fetidez.

Utilizando el telescopio Gemini Norte de Hawái y su espectrómetro de campo integral infrarrojo cercano (NIFS), el equipo de investigadores analizó la luz reflejada por una región situada justo encima de la capa de nubes visible en la atmósfera de Urano y encontró la firma del sulfuro de hidrógeno.

El descubrimiento, que de acuerdo a los investigadores era difícil de comprobar, confirma que el apestoso gas es uno de los elementos clave detrás de las nubes del planeta y no el amoníaco, que predomina en los gigantes gaseosos Júpiter y Saturno, y que ha sido fuente de un largo debate entre los especialistas.

El profesor Leigh Fletcher, afiliado al Departamento de Física de la Universidad de Oxford y miembro del equipo de investigación, indicó que las cubiertas de nubes como la de Urano se forman bajo el efecto de condensación, lo que bloquea el gas involucrado en el proceso en un depósito interno profundo, que es imposible de penetrar desde los telescopios terrestres, de allí la dificultad de su análisis.

Pero a pesar de estos obstáculos, el telescopio Gemini y su instrumento NIFS, originalmente diseñado para observar regiones inestables alrededor de agujeros negros masivos, llegaron y resolvieron el misterio de larga data.

Los investigadores se refirieron al mal olor presente en la atmósfera superior del planeta, puntualizando: “Si alguna vez un desafortunado humano descendiera por las nubes de Urano, se encontraría con condiciones muy desagradables y repugnantes”.

Sin embargo, vale la pena señalar que el fétido olor a huevo podrido de Urano no sería lo peor que un visitante humano afrontaría. De hecho, a medida que penetra en la atmósfera del planeta, temperaturas extremadamente bajas de alrededor de 200 grados Celsius bajo cero, combinadas con altos niveles de hidrógeno, helio y metano, harían que la supervivencia fuera imposible.

Pero Urano y su hedor asociado todavía podrían hacer un buen trabajo al ayudar a los científicos a comprender la historia de origen de nuestro sistema de estadísticas y los cuerpos que lo habitan.

De acuerdo a los investigadores, las diferencias entre las cubiertas de nubes de los gigantes gaseosos (Júpiter y Saturno) y los gigantes de hielo (Urano y Neptuno) probablemente fueron  estampadas durante su nacimiento.

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Al respecto, el profesor Fletcher explica: “Durante la formación de nuestro Sistema Solar, el equilibrio entre el nitrógeno y el azufre, y por lo tanto, el amoníaco y el sulfuro de hidrógeno recientemente detectado de Urano, fue determinado por la temperatura y la ubicación donde se formó del planeta”.

Otro factor en la formación temprana de Urano es la fuerte evidencia de que los planetas gigantes de nuestro Sistema Solar probablemente migraron desde donde se formaron inicialmente. Por lo tanto, confirmar esta información de composición es invaluable para comprender el lugar de nacimiento de Urano, la evolución y los modelos de refinación de las migraciones planetarias.

Referencia: Detection of hydrogen sulfide above the clouds in Uranus’s atmosphere. Nature Astronomy, 2018. doi:10.1038/s41550-018-0432-1

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