Todos existimos en algún lugar del espectro entre los extrovertidos y los introvertidos, y las diferentes circunstancias pueden hacernos sentir más proclives a uno de los extremos. Los extrovertidos, un término popularizado por el psicólogo Carl Gustav Jung a principios del siglo XX, parecen dominar nuestro mundo, ya sea porque realmente son más comunes o porque simplemente hacen más ruido.

Pero lo cierto es que siguen vigentes preguntas fundamentales: ¿qué hace que una persona de introvertida o extrovertida? ¿Por qué somos todos diferentes a este respecto, y qué tienen en común los extravertidos que los hacen ser como son?

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La psicóloga Linda Blair, afiliada a la Sociedad Británica de Psicología, resalta que la evidencia científica ha demostrado cómo los extrovertidos y los introvertidos difieren en comportamiento y biología, y que el nivel de introversión o extraversión está determinado por el ADN, por lo tanto es poco probable que se pueda cambiar.

En la década de 1960, el psicólogo Hans Eysenck propuso que los extrovertidos se distinguen por tener un nivel de excitación crónicamente inferior. La excitación, en el sentido fisiológico, es la medida en que nuestros cuerpos y mentes están alerta y listos para responder a la estimulación.

La teoría de Eysenck era que los extrovertidos tienen una tasa de excitación básica ligeramente más baja. El efecto, es que necesitan trabajar un poco más para llegar al nivel que otros encuentran normal y agradable sin hacer nada. De ahí la necesidad de buscar compañía, experimentar nuevas experiencias o tomar riesgos novedosos.

Inversamente, las personas altamente introvertidas se encuentran sobreestimuladas por cosas que otros pueden encontrar ligeramente excitantes. Por lo tanto, buscan conversaciones tranquilas sobre temas importantes, actividades solitarias y entornos predecibles.

Ahora, con escáneres cerebrales que pueden registrar actividad desde lo más profundo del cerebro, y con perfiles genéticos que revelan el código detrás de las construcciones del sistema de señalización química utilizado por el cerebro, esta teoría ha sido refinada.

Las investigaciones vinculan la extroversión a la función de la dopamina, una sustancia química que desempeña un papel íntimo en los circuitos cerebrales que controlan la recompensa, el aprendizaje y las respuestas a la novedad.

Los cerebros de personas extrovertidas responden de manera más acentuada cuando las apuestas dan sus frutos. A diferencia de los introvertidos, van a disfrutar más los deportes de aventura, o circunstancias sociales como conocer más gente. Parte de esta diferencia surge como resultado de la forma en que los genes forman y desarrollan los cerebros.

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Otros estudios confirman que la función de la dopamina es clave para esto, así que, por ejemplo, los genes que controlan la función de la dopamina, predicen las diferencias de personalidad en cuanto a la cantidad de personas que disfrutan lo desconocido y buscan activamente la novedad.

Nuestras preferencias están determinadas por la forma en que nuestros cerebros responden al mundo. Probablemente este aporte de psicología biológica nos puede ayudar a todos, tanto a introvertidos como extrovertidos, a tener una mejor manera de apreciar cómo y por qué los demás disfrutan de cosas diferentes de las que personalmente te pueden gustar.

Referencias:

The Biological Basis of Personality. Nature, 1963. doi:10.1038/1991031a0

Individual differences in extraversion and dopamine genetics predict neural reward responses. Cognitive Brain Research, 2005. https://doi.org/10.1016/j.cogbrainres.2005.09.018

Relationship between dopamine system genes and extraversion and novelty seeking. Neuroscience and Behavioral Physiology, 2006. https://doi.org/10.1007/s11055-007-0058-8