La circulación oceánica es una dinámica clave en la regulación del clima al almacenar y transportar calor, carbono, nutrientes y agua dulce en todo el mundo. Diversos y complejos mecanismos interactúan entre sí para producir esta circulación y definir sus propiedades.

Se ha considerado al viento y a las olas como los grandes ejecutores de esta mezcla oceánica, pero un reciente estudio realizado por científicos de la Universidad de Stanford, sugiere la participación de un nuevo actor hasta ahora inadvertido: la acción motora de minúsculos invertebrados.

Aunque la idea de la contribución de organismos diminutos en mezcla oceánica se sugirió hace más de medio siglo, la teoría no ha sido realmente explorada o probada. A tal efecto, los investigadores llevaron a cabo sistematizados experimentos de laboratorio para contemplar cómo el movimiento de estas ínfimas criaturas afecta las aguas oceánicas.

Para hacerlo, los especialistas contaron con la ayuda de expertos en la mezcla de los océanos a fin de imitar las condiciones oceánicas en dos grandes tanques de agua. Crearon el flujo requerido con agua salina en el fondo y menos salina en la superficie. Las condiciones eran exactamente como lo que enfrentan los pequeños habitantes del mar mientras se mueven desde la cima hasta las profundidades del océano.

Una vez que los tanques estuvieron listos, consiguieron un grupo de pequeñas criaturas para ver cómo se veían en las condiciones oceánicas simuladas. El krill, uno de los organismos marinos más abundantes, era el candidato ideal para el trabajo. Se mueven hacia el fondo durante el día y regresan por la noche, pero como eran menos amigables con las condiciones del laboratorio, el equipo de investigadores optó por colocar camarones de salmuera en los tanques.

Estas criaturas se distinguen por ser atraídas por la luz, por lo que el equipo utilizó láseres o LEDs como una forma de activar el proceso de migración. Cuando la luz se activó desde el fondo, los racimos de camarones se movieron hacia el extremo más profundo del tanque, pero cuando la fuente se invirtió, volvieron a la parte superior.

La intención era ver si las criaturas pueden agitar las capas de agua y redistribuir las sales en una mezcla uniforme, lo que comprobaron justo durante la prueba.

El movimiento de las criaturas, que duró 10 minutos durante la prueba, desencadenó pequeños remolinos de agua que se combinaron para formar un chorro turbulento, que era lo suficientemente potente como para mezclar el gradiente de sal en una escala mayor.

Esto significa que, individualmente, estas criaturas no pueden hacer mucho, pero en conglomerados masivos, ciertamente pueden contribuir al proceso de circulación oceánica.

En condiciones naturales, la población de estas pequeñas criaturas sobrepasa miles de millones de individuos, cubriendo cientos de metros de profundidad y kilómetros en superficie. En consecuencia, las corrientes de agua causadas por ellos aumentan. Los científicos creen que su influencia en la mezcla del agua de mar debería ser colosal, tal vez incluso superando el papel del viento.

Basados en los resultados, los autores del estudio destacan que los microscópicos crustáceos son un elemento importante no sólo de las cadenas alimentarias mundiales, sino también en la regulación del clima mundial.

Referencia: Vertically migrating swimmers generate aggregation-scale eddies in a stratified column. Nature, 2018. doi:10.1038/s41586-018-0044-z

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