Las hormigas son criaturas simplemente fascinantes. Se distinguen por su fortaleza y por una extraordinaria organización que les ha permitido prosperar incólumes por miles de millones de años. En muy buena medida, el éxito de las hormigas se debe a su comunicación, la cual se fundamenta en esencias químicas llamadas feromonas de ruta.

En una de las especie más conocidas de hormigas cortadoras de hojas, Atta sexdens, los compuestos químicos de geolocalización utilizados en el proceso comunicativo pertenecen a la clase de pirazinas.

Ahora, una investigación realizada por científicos de la Universidad de Sao Paulo en Brasil, descubrió que una bacteria encontrada en la microbiota asociada a esa hormiga, es capaz de producir las mismas pirazinas usadas por el insecto para demarcar su camino hacia el nido. El hallazgo podría sugerir que el químico utilizado por las hormigas para su vital comunicación, no es producido por ellas.

La bacteria productora de pirazina, Serratia marcescens, fue descubierta por casualidad cuando los científicos buscaban microorganismos capaces de proteger las colonias de hormigas de hongos parásitos.

Cuando los científicos lograron recolectar a la reina, parte de la colonia fue transportada al laboratorio, y todas las bacterias encontradas en la superficie de los insectos y dentro de sus cuerpos fueron aisladas, caracterizadas y colocadas en un medio de cultivo.

Fue durante el cultivo de la bacteria S. marcescens que los investigadores percibieron un fuerte aroma muy similar al olor de las hormigas que se almacenaban en el mismo laboratorio. Esa similitud aromática llevó a los investigadores a analizar los compuestos volátiles producidos por esta bacteria y descubrieron las pirazinas.

Para el hallazgo, los investigadores utilizaron un tipo de fibra específicamente indicada para absorber los compuestos aromáticos de las placas de cultivo. Posteriormente, el material fue analizado por cromatografía gaseosa asociada a la espectrometría de masas.

La investigadora Mónica Tallarico Pupo, profesora en la Facultad de Ciencias Farmacéuticas de la Universidad de Sao Paulo y autora principal del proyecto, comentó en referencia los resultados:

Encontramos pirazinas y bacterias en las glándulas venenosas de las hormigas. No sabemos con certeza si su síntesis es compartida. Es probable que la bacteria S. marcescens produzca los compuestos químicos aromáticos y las hormigas los almacenan en sus glándulas.

En estudios futuros, los investigadores planean probar técnicas para eliminar la bacteria productora de pirazina de las hormigas y observar si los insectos continúan produciendo los cruciales compuestos químicos. Otra línea de investigación que el grupo planea seguir consiste en determinar si se pueden observar fenómenos similares en otras especies de hormigas.

Referencia: Pyrazines from bacteria and ants: convergent chemistry within an ecological niche. Scientific Reports, 2018. doi:10.1038/s41598-018-20953-6

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