El hecho que, a diferencia de nuestros antepasados del Pleistoceno Medio, los humanos anatómicamente modernos carecen de una cresta supraorbital pronunciada, es un debate abierto que ha perdurado por décadas. Al respecto, un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de York, descarta los enfoques que apuntan hacia un rol estructural y mecánico, y afirma que la evolución de las cejas tiene un trasfondo social.

Para probar las teorías sobre por qué los homínidos contaban con una cresta de ceja, y por qué se redujo en la única especie de homínido sobreviviente, es decir: nosotros, los investigadores crearon modelos 3D utilizando un cráneo conocido como Kabwe 1.

El cráneo pertenece a la especie Homo heidelbergensis, que vivió en Europa, África y Asia entre 200.000 y 600.000 años atrás. Se cree que los humanos modernos, también conocidos como Homo sapiens, y nuestros primos los Neandertales y Denisovanos evolucionamos a partir del H. heidelbergensis.

Los investigadores rápidamente refutaron las teorías estructurales y mecánicas. Los modelos 3D demostraron que no eran necesarios para compensar los casos cerebrales más planos de la especie, ni tampoco ayudaron a estabilizar la fuerza causada por la masticación de alimentos.

El Dr. Paul O’Higgins, profesor de anatomía en la Universidad de York y autor principal del estudio, explicó:

Dado que la forma de la cresta de la ceja no está guiada sólo por requisitos espaciales y mecánicos, y otras explicaciones para las crestas de las cejas, como mantener el sudor o el cabello fuera de los ojos, hemos sugerido que se puede encontrar una explicación plausible en la comunicación social.

Investigaciones previas sugieren que nuestras caras se han vuelto progresivamente más pequeñas en los últimos 100.000 años, con un proceso que se acelera en los últimos 20.000 años, especialmente cuando cambiamos de ser cazadores-recolectores a agricultores, un proceso que implicó menos esfuerzo y cambios en nuestros patrones alimenticios.

A medida que los rostros humanos se encogieron, también se aplastaron y permitieron una mayor movilidad de las cejas, dando al Homo sapiens las expresivas cejas que disfrutamos hoy.

Es posible que esas cejas les hayan ayudado a desarrollar redes sociales sólidas, lo que permitió a nuestros antepasados ​​inmediatos sobrevivir en climas hostiles y situaciones que afectaron las poblaciones de nuestros parientes Neandertales y Denisovanos.

Como explica la Dra. Penny Spikins del Departamento de Arqueología de la Universidad de York y coautora de la investigación:

Sabemos que los humanos modernos prehistóricos evitaron la endogamia y se fueron a vivir con amigos en lugares distantes durante tiempos difíciles.

Los autores del estudio resaltan que las cejas podrían haber desempeñado un papel sorprendentemente grande, permitiendo a los humanos enviar elaboradas señales sociales en un instante. Esta nueva teoría podría ayudar a explicar por qué H. sapiens es la última especie homínida que sobrevivió y prosperó en condiciones extremas.

Referencia: Supraorbital morphology and social dynamics in human evolution. Nature Ecology and Evolution, 2018. doi:10.1038/s41559-018-0528-0

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