Proteina Aves

Hace cuarenta años el investigador Klaus Schulten propuso que algunos animales, incluidas las aves migratorias, deben tener moléculas en los ojos o cerebros, que respondan al magnetismo. Por décadas este ha sido un tema ampliamente debatido pero de manera infructuosa. El problema radica en que nadie ha sido capaz de encontrar una sustancia química lo suficientemente sensible como para ser influenciada por el débil campo geomagnético de la Tierra.

Pero los resultados de dos recientes investigaciones, uno realizado en pinzones cebra (Taeniopygia guttata) y otro en petirrojos europeos (Erithacus Rubecula), brindan una buena evidencia que sugiere que las aves pueden “ver” las líneas del campo magnético de la Tierra, y es esta extraña habilidad la que les permite a volar a casa desde lugares desconocidos o navegar por migraciones que abarcan decenas de miles de kilómetros.

Los científicos han identificado una proteína sensible a la luz que se encuentra en la retina, que pudiera ser la clave subyacente a este “sexto sentido” aviar. Si los investigadores están en lo cierto, esta sería la primera vez que se identifica una molécula específica responsable de la detección de campos magnéticos en los animales.

La proteína que funciona como un sensor de campo magnético se llama Cry4, y es una clase de proteínas conocidas como criptocromos, las cuales se encuentran tanto en plantas como en animales, son sensibles a la luz y participan en la regulación de los ritmos circadianos.

Para descubrir cuál de los tres criptocromos es responsable de esta particular habilidad de las aves, el investigador Atticus Pinzón-Rodríguez y sus colegas examinaron las retinas, los músculos y los cerebros de 39 pinzones cebra, para verificar la presencia de las tres proteínas Cry1, Cry2 y Cry4.

El equipo descubrió que, si bien los niveles de Cry1 y Cry2 seguían un patrón rítmico que subía y bajaba durante el día, los niveles de Cry4 permanecían constantes, lo que indica que la proteína se producía constantemente.

Por su parte, el estudio enfocado en los petirrojos europeos, también mostró niveles constantes de Cry4 durante un ciclo de 24 horas, y niveles más altos durante su temporada migratoria. Los investigadores en ese estudio encontraron la proteína Cry4 en un área de la retina del petirrojo que recibe mucha luz, una posición que lo ayudaría a funcionar como una brújula magnética.

En este momento, la evidencia es convincente, pero aún no es suficiente para probar la teoría más allá de toda duda. Se necesitará más investigación sobre aves con Cry4 en funcionamiento para probarlo o refutarlo.

La evidencia más definitiva podría provenir de la observación de aves que carezcan de la proteína Cry4, para comprobar si, a pesar de esa supresión, todavía cuentan con esa habilidad especial de navegación que distingue a las aves.

Referencias:

Expression patterns of cryptochrome genes in avian retina suggest involvement of Cry4 in light-dependent magnetoreception. The Royal Society, 2018. https://doi.org/10.1098/rsif.2018.0058

Double-Cone Localization and Seasonal Expression Pattern Suggest a Role in Magnetoreception for European Robin Cryptochrome 4. Current Biology, 2018. https://doi.org/10.1016/j.cub.2017.12.003

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