Experiencias Adn

Nuestro genoma podría no ser tan inmutable como se ha asumido hasta ahora. Una investigación realizada por científcos del Instituto Salk de Estudios Biológicos, sugiere que las experiencias de la primera infancia no sólo influyen en los archivos adjuntos de ADN, sino que incluso podrían alterar el número de copias y la posición de ciertos genes.

Estudios previos demuestran que, por ejemplo, la dieta o el estado de ánimo de la madre afecta el ADN de su hijo por nacer. Esta metilación determina la accesibilidad de los genes y, por lo tanto, estipula su actividad; sin embargo, la secuencia de ADN permanece sin cambios, por lo que se pensó que nuestro ADN es estable e inmutable; sin embargo, los resultados de esta investigación muestran que en realidad es mucho más dinámico.

La Dra. Tracy Bedrosian, investigadora en el Laboratorio de Genética del Instituto Salk y coautora de la investigación, explica: “Si bien hemos sabido por un tiempo que las células pueden adquirir cambios en su ADN, se ha especulado que tal vez no sea un proceso aleatorio. Es probable que haya factores en el cerebro o en el medio ambiente que provocan cambios con mayor o menor frecuencia”.

Los investigadores sospechaban que las experiencias de vida, como el nivel de atención materna que un animal recibe mientras es bebé, podrían generar tales cambios.

Hay genes en nuestras células que pueden copiarse y moverse en el genoma. Estos genes son los llamados Elementos Nucleares Largos Intercalados (LINE), también conocidos como “genes de salto”. Estos segmentos de ADN de aproximadamente 6000 pares de bases de longitud, pueden copiarse a sí mismos y luego reinstalarse en otro lugar del genoma.

El LINE más común de mamíferos conocido hasta la fecha es LINE-1 (L1), que representa aproximadamente el 17 por ciento del genoma humano.

Los investigadores desarrollaron ensayos para medir el número de copias de L1 presentes en muestras de ratones. Dependiendo de si los ratones evaluados tenían madres atentas o negligentes, los investigadores notaron diferencias en sus niveles acumulados de L1.

Inicialmente comenzaron observando las variaciones naturales en el cuidado materno entre los ratones y sus crías. Luego observaron el ADN del hipocampo de la descendencia, que está involucrado en la emoción, la memoria y algunas funciones involuntarias.

El equipo descubrió una correlación entre el cuidado materno y el número de copias L1: los ratones con madres atentas tenían menos copias del gen L1 y los que tenían madres negligentes tenían más copias de L1 y, por lo tanto, más diversidad genética en sus cerebros.

Para asegurarse de que la diferencia no era una coincidencia, el equipo llevó a cabo una serie de experimentos de control, incluido el control del ADN de ambos padres de cada camada, a fin de confirmar que la descendencia no sólo heredara sus números de L1 de un padre, sino también como una verificación de que el ADN adicional era en realidad ADN genómico y no material genético extraviado del exterior del núcleo celular.

Finalmente, criaron a la descendencia de modo que los ratones nacidos de madres negligentes fueron criados por madres atentas, y viceversa. Los resultados iniciales de la correlación entre los números L1 y el estilo de maternidad se mantuvieron: los ratones nacidos de madres negligentes pero criados por madres atentas tenían menos copias de L1, que los ratones nacidos de madres atentas pero criados por madres negligentes.

Los investigadores enfatizan que en este punto no está claro si hay consecuencias funcionales relacionadas con el aumento de los genes L1. En trabajos futuros se examinará si el rendimiento de los ratones en las pruebas cognitivas se puede correlacionar con el número de genes L1.

Referencia: Early life experience drives structural variation of neural genomes in mice. Science, 2018. DOI: 10.1126/science.aah3378

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