Una de las mentes más brillantes del mundo, el Dr. Stephen Hawking, falleció contra todo pronóstico médico a la edad de 76 años en Cambridge, Reino Unido.

En 1962, el profesor Hawking fue diagnosticado con una forma rara de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), a la edad de 21 años. La enfermedad degenerativa gradualmente lo paralizó y tuvo que ser confinado a una silla de ruedas; unos años más tarde, en 1985, también perdió su voz debido a una traqueotomía.

Donde la mayoría de las personas se habrían rendido, una mente tan brillante como la suya usó un sistema de habla asistida por computadora para superar el desafío. A pesar de las probabilidades apiladas en contra, él persiguió sus objetivos.

Como él dijo: “Es una pérdida de tiempo estar enojado por mi discapacidad. Uno tiene que seguir con la vida y no lo he hecho mal.”

Fue autor de varios libros, incluyendo The Grand Design (2010), The Universe in a Nutshell (2001), My Brief History (2013) y The Theory of Everything (2002), entre otras publicaciones.

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Pero su libro más popular fue el de 1988, Una breve historia del tiempo, que tenía como objetivo ayudar a las personas sin un sólido bagaje científico a comprender las cuestiones clave de la física y la existencia humana. En él, discute los orígenes del universo y su futuro. La obra vendió más de 10 millones de copias en todo el mundo y fue traducida a 35 idiomas.

El reconocido físico teórico le distinguió su actitud temeraria y un sentido del humor entrañable, rasgos humanos que combinados con su mente prodigiosa, le otorgaron un estatus cultural icónico.

Fue consultado rutinariamente por pronunciamientos oraculares sobre prácticamente todo, desde el viaje en el tiempo y la vida extraterrestre, hasta la política de Medio Oriente y la inteligencia artificial.

Apareció en Star Trek: The Next Generation, The Simpsons y The Big Bang Theory entre otros programas. Su vida temprana fue el tema de una la película: The Theory of Everything (La teoría del todo). Pero su estatus cultural, amplificado por su discapacidad y la tormenta de medios que invocó, con frecuencia dejó de lado su impresionante legado científico.

Mientras estudiaba el trabajo de Roger Penrose, el cual demostró que si la teoría de la relatividad general de Einstein es correcta, en el corazón de cada agujero negro debe haber un punto en el que el espacio y el tiempo se rompen: una singularidad. Hawking se dio cuenta de que si la flecha del tiempo se invertía, el mismo razonamiento sería válido para el universo como un todo. Hawking resolvió el razonamiento matemáticamente y fue capaz de demostrarlo: el universo de acuerdo con la relatividad general comenzó en una singularidad.

Hawking era muy consciente de que la relatividad general, que describe el espacio y el tiempo a gran escala, no tiene en cuenta la mecánica cuántica, que describe el comportamiento extraño de la materia en escalas mucho más pequeñas.

Se necesitaba una “teoría del todo” desconocida para unir ambas propuestas. Para Hawking, la singularidad en el origen del universo no señaló la ruptura del espacio y el tiempo; señalaba la necesidad de la gravedad cuántica.

Afortunadamente, el vínculo que forjó entre la singularidad de Penrose y la singularidad en el Big Bang, proporcionó una clave para encontrar esa teoría. Si los físicos querían entender el origen del universo, Hawking les acababa de mostrar exactamente dónde buscar: un agujero negro.

La carrera de investigación de Hawking prosiguió desafiando las leyes de la termodinámica, predijo que los agujeros negros emiten radiación, fundo la ecuación de la entropía de Bekenstein-Hawking, entre otros destacados logros científicos.

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Vale recordar que el propio Hawking solicitó que en su lápida fuera inscrita esta ecuación, pues representa la combinación final de las disciplinas físicas, porque contiene la constante de Newton, que se relaciona claramente con la gravedad; la constante de Planck, que traiciona la mecánica cuántica en juego; la velocidad de la luz, el talismán de la relatividad de Einstein; y la constante de Boltzmann, el heraldo de la termodinámica.

El trabajo de Hawking le proporcionó a la humanidad lo que podría ser la clave de la teoría del todo, expandió nuestra comprensión del espacio y el tiempo, ayudó a dar forma al curso de la física durante las últimas cuatro décadas y tras su fallecimiento, su legado seguirá impulsando el progreso en la ciencia de hoy y del mañana.

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