Razones No Dieta

La obesidad es una condición donde una persona ha acumulado tanta grasa corporal que podría tener un efecto negativo en su salud. Cifras de la Organización Mundial de Salud1 nos muestran que en los últimos 40 años, ha habido un aumento sorprendente en el número de personas obesas en todo el mundo, pasando de 105 millones en 1975 a más de 650 millones en 2016.

Las enfermedades cardiovasculares son reconocidas como una de las complicaciones debilitantes más comunes del exceso de grasa corporal. Según algunos informes2, hasta el 50 por ciento de las personas obesas tiene presión arterial alta y diabetes tipo 2, que son principales contribuyentes a sus altas predisposiciones a las enfermedades cardiovasculares. En complemento, vivimos en una sociedad que alienta pautas estereotipadas, al tiempo que censura y desaprueba el sobrepeso.

Este escenario a promovido un sinfín de sugerencias y disposiciones que van orientadas a regular el exceso de peso; una de las más divulgadas y extendidas, es hacer dieta.

Existe una vasta lista de dietas de restricción calórica, algunas bastante extremas, que muchas personas asumen como una obligación y se empeñan en alcanzar un propósito, dejando de lado aspectos importantes.

Una investigación3 señala que sólo un 20 por ciento de las personas con sobrepeso, logra de manera estable tener un peso saludable a través de dietas de restricción calórica. Para la mayoría de las personas, las dietas les generan consecuencias que difieren mucho a la intención inicial.

En la gran mayoría de los casos, la fase de pérdida de peso es seguida por un retorno al estado de obesidad, junto con las complicaciones metabólicas y los riesgos cardiovasculares asociados.

De hecho, varias líneas de evidencia sugieren que el proceso de recuperación del peso corporal, es en sí mismo un factor de riesgo independiente para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares.

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La pérdida de peso que producen las dietas (especialmente las dietas extremas) siempre se corre el riesgo de perder tejido corporal magro además de grasa. Esto despoja a los músculos, huesos y órganos, de material que necesitan para funcionar correctamente. Si bien algunas dietas aumentan este riesgo más que otras,  es un riesgo con todas las dietas que restringen las calorías.

Pero eso no es todo. Hacer dieta distorsiona nuestra relación natural con el hecho de alimentarse. Cuando la comida se vuelve “buena” o “mala”, comer se convierte en un problema moral en lugar de en una cuestión de alimentación.

Cuando negamos nuestro apetito, olvidamos cómo comer por razones naturales y en su lugar se desarrollan hábitos de alimentación emocionales y se experimentan sentimientos de culpa cuando se ingiere la comida “incorrecta”. Esto puede provocar trastornos alimentarios, una imagen corporal distorsionada y otras anomalías, incluyendo depresión y alteraciones hormonales, entre otros.

El profesor de epidemiología y nutrición en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, Walter Willett, reconoce la problemática asociada a la obesidad y al mismo tiempo advierte sobre los inconvenientes asociados a las dietas; al respecto, recomienda: “No importa cuál sea tu peso, puedes mejorar tu salud siendo físicamente activo y alimentándote de una manera que sea simplemente saludable.”

El profesor concluye mencionando la popular expresión que afirma que los excesos nunca son buenos y señala que el equilibrio y la moderación son ingredientes clave para una vida sana y feliz.

Referencias:

1.- Obesidad y sobrepeso. Centro de Prensa de la Organización Mundial de Salud, 2017. http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs311/es/

2.- Pathways from weight fluctuations to metabolic diseases: focus on maladaptive thermogenesis during catch-up fat. PubMed, 2002. DOI: 10.1038/sj.ijo.0802127

3.- Long-term weight loss maintenance. The American Journal of Clinical Nutrition, 2005. https://doi.org/10.1093/ajcn/82.1.222S

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