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A diferencia de los recursos que disponemos en la actualidad, hace unos 4500 años, cuando se sentaron los cimientos de las pirámides de Egipto, los constructores no contaban con instrumentos tecnológicos que les ofrecieran precisión espacial; a pesar de estas limitaciones, los afamados monumentos se distinguen por presentar una alineación con respecto a los puntos cardinales realmente prodigiosa, lo que ha llevado a los investigadores a la inevitable pregunta ¿cómo lo hicieron?

Durante más de un siglo, los investigadores han propuesto diferentes métodos utilizados por los antiguos egipcios para alinear las pirámides a lo largo de estos puntos cardinales con tanta precisión, pero ninguno ha resultado plenamente satisfactorio.

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Ante este enigma, el arqueólogo e ingeniero Glen Dash, propuso una explicación cuya simplicidad pudiera resultar tan sorprendente como convincente. El estudioso plantea que los antiguos egipcios pudieron haber utilizado el equinoccio de otoño para alinear la Gran Pirámide de Giza casi a la perfección a lo largo de los cuatro puntos cardinales.

Los constructores alinearon el monumento con una precisión de más de cuatro minutos de arco, o una quinceava parte de un grado; esto quiere decir que aunque la alineación es extraordinaria, no es perfecta.

Al examinar las otras dos pirámides situadas a su lado, la Pirámide Roja y la Pirámide de Kefrén, el investigador notó que si bien fueron construidas con un asombroso grado de precisión, también contienen los mismos errores: una ligera desviación en sentido antihorario.

Es conveniente recordar que el equinoccio de otoño ocurre a mitad de camino entre los solsticios de verano y de invierno, cuando la inclinación de la Tierra es tal que la duración del día y la noche son casi las mismas. Existe clara evidencia de que los antiguos egipcios comprendían en detalle las estaciones, por lo que los constructores pudieron determinar el momento correcto del equinoccio de otoño.

Para comprobar su teoría, el investigador realizó un experimento en su casa en Pomfret, Connecticut, utilizando una herramienta conocida como gnomon, un objeto similar a un reloj de sol; la técnica implica colocar una varilla vertical en el suelo para proyectar una sombra.

El arqueólogo explicó que el primer día del equinoccio, el agrimensor encontrará que la punta de la sombra se desplaza en línea recta y casi perfectamente de este a oeste, y valiéndose de una cuerda, estaría en capacidad de dibujar una línea en este eje.

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Cualquier error que ocurra en el trazado, provocaría una desviación en sentido antihorario, que, según Dash, es lo que sucedió, no sólo con la Gran Pirámide, sino también con las otras dos pirámides a su lado. Si bien este experimento se realizó en  Connecticut, los mismos resultados también se aplicarían en Egipto.

Si bien el uso del equinoccio de otoño como su guía, sin duda habría funcionado para los antiguos egipcios, persiste la pregunta de si este fue el método y el sistema que definitivamente utilizaron. Como es sabido, los que construyeron las pirámides no dejaron ningún diseño ni pistas que mostraran cómo exactamente edificaron las majestuosas construcciones.

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