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Estadísticas a nivel global relacionan al alcohol con casi la mitad de todos los crímenes violentos Sin embargo, existen pocas pruebas sobre cómo y por qué las bebidas alcohólicas pueden desencadenar dicho comportamiento en el cerebro. En ese contexto, una nueva investigación aporta novedosa información y descifra el misterio de por qué el alcohol incrementa los niveles de violencia en las personas.

Utilizando modernas técnicas de imagenología cerebral, los investigadores de la Universidad de Nueva Gales de Sur en Australia (UNSW), descubrieron que después de sólo dos bebidas, disminuía la actividad en la corteza prefrontal del cerebro, un área que implica el control del nivel de agresión de una persona.

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Aunque desde hace tiempo los expertos sospecharon que la corteza prefrontal estaba involucrada, es la primera vez que se tienen observaciones precisas de lo que sucede en el cerebro cuando una persona consume alcohol.

Los científicos reclutaron a 50 hombres jóvenes a quienes les fueron suministradas bebidas de vodka o placebo. Para descubrir los efectos en tiempo real del alcohol en el cerebro, los científicos utilizaron imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI) que miden el flujo sanguíneo y muestran qué áreas son más activas.

A los participantes se les dieron dos bebidas que contenían 2,42 ml de vodka al 37,5 por ciento por cada kg de peso corporal, o placebos. Por ejemplo, a un hombre que pesa 70 kg se le habrían dado 340 ml de vodka en sus dos bebidas, complementado con limonada y agua tónica.

Mientras estaban acostados en el escáner de resonancia magnética, los participantes tuvieron que competir en una tarea que se ha usado regularmente durante los últimos 50 años para observar los niveles de agresión en respuesta a la provocación.

Los investigadores encontraron que la provocación no afectó las respuestas neuronales. Sin embargo, en relación con los participantes sobrios, durante los actos de agresión, los participantes intoxicados mostraron una actividad disminuida en la corteza prefrontal, el caudado y el cuerpo estriado ventral, así como una mayor activación en el hipocampo.

Los resultados son consistentes con un número creciente de investigación sobre la base neuronal de la agresión, y cómo se desencadena por los cambios en la forma en que funcionan la corteza prefrontal, el sistema límbico y las regiones del cerebro relacionadas con la recompensa.

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El investigador Thomas Denson, profesor de psicología en la UNSW y autor principal del estudio, indicó:

Aunque hubo un efecto amortiguador general del alcohol en la corteza prefrontal, incluso a una dosis baja de alcohol observamos una relación positiva significativa entre la actividad dorsomedial y la corteza prefrontal dorsolateral y la agresión relacionada con el alcohol.

Los autores alientan futuras investigaciones a gran escala sobre los fundamentos neuronales de la agresión relacionada con el alcohol, incluyendo dosis más fuertes y muestras clínicas; señalan que hacerlo podría eventualmente reducir sustancialmente el daño relacionado con el alcohol.

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