Los trastornos de ansiedad son comunes; una estimación basada en 87 estudios llevados a cabo en 44 países, asevera que hasta el 28,3 % de la población presenta síntomas relacionados con esta condición. En este sentido, investigadores de la Universidad de California en San Francisco y la Universidad de Columbia realizaron un hallazgo notable al identificar las células cerebrales responsables de inducir la ansiedad.

La ansiedad y el miedo son dos emociones muy útiles que permiten sobrevivir en entornos y situaciones potencialmente peligrosas; hasta cierto punto, la ansiedad es saludable. Pero a veces, los circuitos funcionan mal y se desbordan, lo que hace que muchas personas sufran ataques de ansiedad.

El Dr. Rene Hen, profesor de psiquiatría en el Departamento de Neurociencia del Centro Médico de la Universidad de Columbia y uno de los autores del estudio, indicó: “Las catalogamos como células de ansiedad porque sólo se activan cuando los animales están en lugares que les provocan un miedo innato”. Aunque en el estudio sólo se han identificado las células en ratones, es muy probable que también existan en los humanos.

En los experimentos, los ratones tuvieron que navegar en un entorno que alternaba lugares seguros e inductores de ansiedad. Los ratones fueron colocados en un laberinto en el que algunas vías llevaban a  zonas seguras, pero otras desembocaban en áreas abiertas, algo que a los ratones les genera ansiedad porque se sienten expuestos.

La investigación midió la actividad cerebral de los ratones usando un microscopio en miniatura, registrando la actividad de cientos de células en el hipocampo mientras se movilizaban por el laberinto.

Posteriormente, utilizando una técnica llamada optogenética, los investigadores pudieron controlar la actividad de algunas células cerebrales, para ver si esto interferiría activamente con la sensación de ansiedad de los ratones.

Cuando los investigadores silenciaron un grupo específico de células, los ratones deambularon más tiempo por los espacios abiertos que anteriormente evitaban, y cuando las células fueron estimuladas, evitaron los espacios abiertos. Esto confirmó que los investigadores, efectivamente habían identificado las células que inducen la ansiedad.

En la actualidad, las terapias disponibles suelen ser ineficaces o generar efectos secundarios desagradables y graves, pero estos hallazgos aportan un punto de partida para el desarrollo de nuevos enfoques de tratamiento.

En relación a esa posibilidad, la investigadora Jessica Jiménez, académica en la Universidad de Columbia y coautora del estudio, expresó:

Ahora que hemos encontrado estas células en el hipocampo, se abren nuevas áreas para explorar ideas de tratamiento que no sabíamos que existían antes.

Aunque la investigación se encuentra en sus etapas iniciales, queda por ver si hallazgos similares son confirmados en humanos y cómo esto podría traducirse en una potencial alternativa de tratamiento para los trastornos de ansiedad.