Confianza

Confiar en un extraño puede ser una apuesta arriesgada, entonces ¿cómo decidimos en quién vamos a confiar? Según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Nueva York y la Universidad de Brown, es más probable que confiemos en personas que se parecen a alguien en quien hemos confiado en el pasado, y nos será más difícil confiar en personas que tengan algún parecido físico a alguien que nos ha traicionado.

A fin de entender cómo decidimos confiar o cooperar con alguien al conocerlos por primera vez, los científicos pidieron a 29 voluntarios que participaran en juegos de confianza con fotografías de tres hombres que no conocían. Los sujetos recibieron $ 10 y se les pidió que invirtieran el dinero con los tres hombres. Repitieron el patrón 15 veces para cada fotografía.

Después de 45 ciclos, se les dijo a los participantes que la persona de la primera imagen compartiría casi todos los beneficios de la inversión, el segundo compartiría aproximadamente el 60% del dinero y el tercero se quedaría con el dinero.

Sobre la base de esa información, los voluntarios decidieron que el primer hombre era altamente confiable, el segundo algo confiable y el tercer hombre no era de fiar.

En una segunda prueba, se pidió a los 29 participantes que eligieran parejas de entre los sujetos de 58 fotografías. Cincuenta y cuatro de las imágenes habían sido modificadas sutilmente para parecerse a uno de los tres hombres del primer experimento.

Aunque el parecido no era obvio, los voluntarios optaron por las personas que se parecían al el jugador más confiable en el primer juego y evitarían consistentemente a aquellos que se asemejaban al hombre que se había quedado con todo el dinero.

Más tarde, el equipo monitoreó la actividad cerebral de otros 28 voluntarios sometidos a las mismas pruebas. Los investigadores encontraron que los voluntarios identificaron al jugador poco confiable como una amenaza.

La profesora Elizabeth A. Phelps, del Departamento de Psicología de NYU y autora principal del estudio, manifiesta: “Esto muestra que nuestros cerebros despliegan un mecanismo de aprendizaje en el que la información moral codificada a partir de experiencias pasadas guía las elecciones futuras.”

Por su parte el investigador Oriel Feldman Hall, del Departamento de Ciencias Cognitivas, Lingüísticas y Psicologicas de la Universidad de Brown y coautor del estudio, comparó el fenómeno con el afamado experimento canino de Pavlov, que es uno de los primeros ejemplos del condicionamiento clásico: hacemos, esperamos o sentimos algo, de acuerdo a un evento pasado.

Los investigadores sugirieron que las personas usan el mismo tipo de mecanismo cuando toman decisiones sobre la moralidad de alguien. Incluso si no conocemos a esa persona, subconscientemente asociamos sus rasgos faciales a alguien de quien confiamos o desconfiamos en el pasado, y esto influirá en lo que pensemos de ellos.