Científicos de la Universidad Estatal de Kent en Ohio, Estados Unidos, descubrieron que, a diferencia de otros primates, el cerebro humano posee grandes cantidades de dopamina, un neurotransmisor importante para establecer la cooperación. Los mismo proponen la hipótesis de origen neuroquímico, la cual sostiene que las características que distinguen a los humanos, están relacionadas con el nivel de dopamina en sus cerebros.

Desde hace siglos se han estudiado las diferencias entre los cerebros de los humanos y otros grandes primates. Estas investigaciones han llevado a los científicos a suponer que han pasado millones de años desde que las personas comenzaron a perfeccionar sus rasgos excepcionales, incluyendo el bipedismo, el habla y la capacidad de crear y utilizar herramientas.

Pero hay otros aspectos que nos distinguen y para determinar su origen los investigadores realizaron un estudio en que analizaron muestras de tejido cerebral post mortem que fueron suministrados por varios zoológicos, bancos médicos y biobancos. En total, el tejido cerebral de 38 individuos de seis especies de primates, incluidos humanos, chimpancés, gorilas, capuchinos, macacos y mandriles, que fallecieron por razones naturales.

Los autores prepararon cortes del cuerpo rayado, que se encuentra ubicado en lo profundo de la estructura del tallo cerebral, la cual regula el movimiento y participa en el entrenamiento. Las muestras se revistieron con tintes que reaccionan a varios neurotransmisores, que se sabe desempeñan un papel importante en el comportamiento prosocial. Además, se realizaron mediciones del número de neurotransmisores en primates vivos.

La investigación mostró que los humanos y otros homínidos (en este caso, gorilas y chimpancés) se distinguen por tener en el cuerpo estriado un mayor contenido de serotonina, neuropéptido Y y especialmente dopamina. Al mismo tiempo, el neuroquímico conocido como acetilcolina, que participa en la regulación del comportamiento jerárquico y territorial, se encuentra menos en nosotros que en los gorilas y chimpancés.

De acuerdo con la investigadora Mary Ann Raghanti, antropóloga biológica de la Universidad Estatal de Kent y coautora del estudio, “Esta combinación establece la diferencia clave que distingue a las personas de todas las demás especies.”

Los autores del estudio señalan que se ha demostrado que las personas se destacan entre los primates por tener un sistema dopaminérgico significativamente más activo, una afirmación que les permite proponer la hipótesis del origen neuroquímico de los homínidos, en la que la selección sexual por las mujeres ha contribuido, entre otras cosas a la aparición de una prole más numerosa, un comportamiento menos agresivo y una mayor tendencia a la empatía, el altruismo y otras manifestaciones de alta sociabilidad.

El proceso puede describirse como la acción de un sistema con retroalimentación positiva: un aumento en la actividad del sistema dopaminérgico llevó a un aumento en el comportamiento cooperativo, que a su vez requirió de grandes cantidades de dopamina, explican los autores.