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El descubrimiento del agujero en la capa ozono en 1985, elevó las preocupaciones sobre el daño a la barrera invisible de la estratosfera que brinda protección a los nocivos rayos ultravioleta del sol. Para ese momento se advirtió que esta situación, generada por la acción humana, podría elevar las temperaturas, perjudicar los cultivos agrícolas y provocar a un aumento en las tasas de prevalencia de cáncer de piel.

Los clorofluorocarbonos (CFC), responsables directos de la afectación a la capa de ozono, son compuestos químicos de larga vida que eventualmente se elevan a la estratosfera, donde son separados por la radiación ultravioleta del sol, liberando átomos de cloro que destruyen las moléculas de ozono.

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En ese momento, los CFC se usaban ampliamente como refrigerantes en acondicionadores de aire y refrigeradores de automóviles, hacer espuma plástica, usada cono aislante en los hogares,  contenedores de alimentos desechables y muchos productos aerosoles.

El ozono estratosférico protege la vida en el planeta mediante la absorción de la radiación ultravioleta potencialmente dañina, que puede causar cáncer de piel y cataratas, suprimir el sistema inmunológico y dañar la vida de las plantas.

En 1987, en lo que se anunció como una importante hazaña diplomática, los países del mundo se reunieron en Canadá para firmar el Protocolo de Montreal, un tratado internacional destinado a eliminar gradualmente la producción de sustancias que agotan la capa de ozono.

Hoy, treinta años después, científicos de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) señalan que las observaciones satelitales muestran que los niveles de cloro han descendido dentro del agujero de ozono antártico, lo que resulta en una reducción del 20 por ciento en el agotamiento de la capa de ozono durante el invierno antártico en comparación con hace 12 años.

La científica atmosférica Susan Strahan, del Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland, señala: “Vemos muy claramente que los niveles del cloro de los CFC está bajando en el agujero de ozono y que está ocurriendo menos agotamiento del ozono debido a eso.”

Para determinar cómo el ozono y otras sustancias químicas han cambiado año tras año, los científicos utilizaron datos del sondeo de microondas (MLS, por sus siglas en inglés) a bordo del satélite Aura, que ha estado realizando mediciones de forma continua en todo el mundo desde mediados de 2004.

Mientras que muchos instrumentos satelitales requieren luz solar para medir los gases atmosféricos, MLS computa las emisiones de microondas y, como resultado, puede medir los gases traza sobre la Antártida durante la época clave del año: el oscuro invierno austral, cuando el clima estratosférico es tranquilo y las temperaturas son bajas y estables.

Aunque ciertamente resulta una noticia alentadora, el estudio deja en claro que el daño a la capa de ozono, es una consecuencia directa de la indiscriminada acción humana. De cara al futuro, el agujero de ozono antártico debería seguir recuperándose gradualmente a medida que los CFC abandonan la atmósfera, pero una reparación completa llevará décadas.

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