De acuerdo a un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Stanford, muchas personas tienen proteínas inmunes existentes y células T preparadas para combatir a las proteínas Cas9 incluidas en los complejos CRISPR. Eso significa que la mayoría de las personas podrían ser inmunes a estas terapias de ediciones genéticas o vulnerables a efectos secundarios desconocidos y potencialmente peligrosos.

La muestra utilizada para el estudio es pequeña, pero de corroborarse estos hallazgos, resultarían especialmente preocupante, ya que están por realizarse ensayos clínicos para tratamientos basados en la herramienta de edición genética CRISPR.

El problema subyacente es que Cas9, el elemento de corte genético, es en realidad una enzima derivada de dos cepas de bacterias altamente infecciosas, Staphylococcus aureus y Streptococcus pyogenes. Como los seres humanos hemos evolucionado conjuntamente con estos dos patógenos a lo largo de los siglos, hay una buena posibilidad de que también hayamos desarrollado una respuesta inmune para combatirlas.

Basado en el hecho de que estas dos especies bacterianas causan infecciones en la población humana con alta frecuencia, los investigadores buscaron la presencia de respuestas inmunes adaptativas preexistentes a sus respectivos homólogos Cas9: SaCas9 (homólogo de S. aureus) y SpCas9 (homólogo S. pyogenes).

Para determinar la presencia de anticuerpos anti-Cas9, los investigadores buscaron los dos homólogos que utilizan suero humano y pudieron detectar anticuerpos contra ambos, con un 79% contra SaCas9 y un 65% contra SpCas9.

En esencia, los humanos con frecuencia somos infectados por estas bacterias, y por lo tanto, muchos de nosotros tendremos una respuesta inmune para contrarrestarlas. Por lo tanto, cuando se usa la proteína Cas9, que es la herramienta de “corte” en la técnica CRISPR-Cas9, muchos pacientes podrían no beneficiarse, e incluso generar reacciones adversas, ya que su sistema inmunológico se activará y combatirá.

El Dr. Matthew H. Porteus, autor principal del estudio, comenta: “Hay grandes esperanzas en la terapia génica basadas en CRISPR para encontrar la cura de muchas enfermedades. Pero la inmunidad podría implicar un fracaso de esos tratamientos. Las respuestas inmunes podrían obstaculizar el uso seguro y eficaz de esta técnica, e incluso podrían provocar toxicidad significativa para los pacientes.”

Las conclusiones expuestas en este estudio podrían ser consideradas por los entes reguladores y suspender los ensayos clínicos previstos, al menos hasta que se consiga una solución viable que garantice la seguridad de los pacientes.

Una posible solución es simplemente usar una proteína diferente (o enzima) en el complejo CRISPR, una que no provenga de bacterias comunes, como las que se encuentran en las fuentes hidrotermales. Si las personas no han estado previamente expuestas a la proteína bacteriana, entonces no tendrán anticuerpos específicos o células T listas para atacar.