Detectar y evitar a las personas enfermas es un aspecto vital para limitar la exposición a las enfermedades, y es probable que muchos de nuestros antepasados ​​vivieran y murieran dependiendo de lo bien que podrían hacerlo. Sin embargo, desde el advenimiento de la medicina moderna, ese radar interno ha perdido algo de importancia.

Toser, estornudar y apretar el estómago, podrían ser signos evidentes de que una persona está enferma, pero cuando estos síntomas no son explícitos, puede que la enfermedad pase desapercibida incrementando el riesgo de contagio.

Sin embargo, un estudio realizado por investigadores, muestra que las señales de que una persona se encuentra indispuesta de salud, como labios pálidos, la boca hacia abajo y los párpados caídos, son apreciables apenas horas después de que comienza una infección.

El neurocientífico John Axelsson, profesor en el Instituto de Investigación del Estrés en la Universidad de Estocolmo y autor principal del estudio, expresa: “Usamos varias señales faciales de otras personas y probablemente juzguemos la salud de otros todo el tiempo.”

Además de los síntomas evidentes, los expertos indican que su estudio resalta las formas en que los humanos pueden usar una serie de señales tempranas para determinar si una persona está enferma y de ese modo evitar contagiarse.

Para llegar a esa conclusión, los investigadores inyectaron a ocho hombres y ocho mujeres, una molécula que se encuentra en las membranas bacterianas. La idea era generar una respuesta corporal a los patógenos en los sujetos sin enfermarlos realmente. Pasadas dos horas los sujetos fueron fotografiados. Algunos días más tarde, los mismos individuos recibieron una inyección de placebo (solución salina) y pasadas las dos horas, los fotografiaron.

Posteriormente, 60 estudiantes observaron las fotografías por un lapso de 5 segundos y se les pidió que juzgaran si la persona de la imagen estaba sana o enferma. Las respuestas de los estudiantes superaron el umbral estadístico de aleatoriedad, mostrando un 62% de precisión en sus juicios. De 2.945 clasificaciones para las 32 fotos faciales diferentes, 1.215 estaban enfermas. Los voluntarios acertaron 775 veces.

Luego, los científicos analizaron qué señales usaban las personas para identificar la enfermedad. Descubrieron que nos enfocamos en la piel y los ojos, así como en la apariencia general de cansancio.

Poder identificar a otras personas enfermas no es sólo una curiosidad científica. Los investigadores dicen que podría tener beneficios significativos para la salud pública. Ayudar a las personas a mejorar sus habilidades de identificación de enfermedades podría ayudarlas a evitar el contagio.

El próximo paso, apuntan los autores del estudio, es descubrir hasta qué punto esto es un comportamiento aprendido. Quieren ver si los médicos y los profesionales capacitados son mejores que la población general para detectar los síntomas de la enfermedad.