A pesar de los increíbles avances en biomedicina, sigue siendo esquiva una verdadera cura para el VIH. Los medicamentos antirretrovirales han transformado la infección en una condición manejable en vez de una sentencia de muerte. El problema es que el VIH se integra persistentemente en el genoma de una célula infectada y luego se esconde, inactivo en el cuerpo, lo que hace que sea casi imposible de erradicar completamente.

Desde la década de 1980, los investigadores han tenido la esperanza de que la terapia genética, en la que se altera el material genético del cuerpo, podría proporcionar una nueva ruta para tratar el VIH, y tal vez incluso una cura; sin embargo, aún no han podido materializar este objetivo.

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Las células inmunes diseñadas, conocidas como células T del receptor del antígeno quimérico (CAR-T), han acaparado los titulares por su potencial que han mostrado para curar a algunos pacientes con leucemia y linfoma. Pero el interés en las CAR-T sobrepasa el ámbito del cáncer, y los científicos de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) se encuentran entre los que investigan si el enfoque también funcionaría contra el VIH.

Bajo esa visión, los investigadores diseñaron células madre formadoras de sangre (células madre  progenitoras hematopoyéticas o HSPC) para transportar los genes del receptor de antígenos quiméricos (CAR), a fin de crear células que puedan detectar y destruir las células infectadas por el VIH.

La técnica funciona secuestrando la molécula CD4, que permite que el VIH se una a la superficie de la célula, usando la molécula como señal para que los genes CAR puedan unirse al VIH y exterminarlo.

Experimentando en primates (Macacos pigtail), las células madre HSPC se introdujeron en a través de un trasplante de médula ósea. Es una forma de tratamiento conocida como inmunoterapia CAR-T. En las pruebas, las células madre formadoras de sangre que se modificaron con ingeniería genética, ingresaron a la médula ósea y maduraron en células inmunes circulantes funcionales.

Los investigadores encontraron que estas células modificadas, no sólo exterminaron las células infectadas, sino que su acción persistió durante más de dos años, lo que sugiere la posibilidad de crear una inmunidad a largo plazo contra el virus que causa el SIDA.

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Si este enfoque funciona en las personas, podría ser más efectivo al combinarlo con los medicamentos antirretrovirales, incluso erradicando los reservorios de VIH, depósitos ocultos del virus que de otra manera no responderían al tratamiento.

Estos hallazgos son los primeros en demostrar que las células madre formadoras de sangre se pueden modificar con una terapia CAR y que pueden injertarse con seguridad en la médula ósea. Esto podría servir como base para el desarrollo de un enfoque que permita una inmunidad segura y duradera para el VIH.

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