Ampliando un estudio de principios de 2017 que identificó 52 genes que podrían estar asociados con la inteligencia, un equipo de científicos del Instituto Feinstein de Investigación Médica en Manhasset, Nueva York, ha sugerido docenas de nuevos objetivos genéticos que pueden correlacionarse con la capacidad cognitiva. Los hallazgos, tienen el potencial de ayudar a los investigadores a desarrollar un tratamiento más específico para los trastornos cognitivos y de la memoria.

No sorprende que haya controversia entre los científicos que apoyan la noción que sostiene que la inteligencia es un rasgo hereditario, y es justo decir que hay un debate sobre cómo cuantificar un rasgo tan complejo e indefinible como la inteligencia.

Los investigadores señalan que esta es una medida que puede verse influida por una variedad de factores no relacionados. Por ejemplo, el estado socioeconómico o los rasgos de personalidad, pueden influir notablemente en el nivel de educación alcanzado por una persona, independientemente de los rasgos de “inteligencia genética”.

Los investigadores estudiaron los genomas de más de 100.000 personas cuya función cerebral se midió mediante pruebas neuropsicológicas. Estos datos luego se combinaron con genomas de 300.000 personas, medidos para el nivel más alto de educación alcanzado, que sirve como un estimado de la capacidad cognitiva o de cómo el cerebro adquiere conocimiento. Los hallazgos han desbloqueado nuevos detalles sobre la genética detrás de la capacidad cognitiva.

Durante el estudio, los especialistas fueron capaces de identificar 70 loci genómicos significativamente asociados con la cognición, implicando 350 genes candidatos subyacentes a la capacidad cognitiva.

Al perfilar la capacidad cognitiva, los investigadores observaron una superposición genética con la longevidad. Al examinar la familia de un individuo, evidenciaron que una predisposición genética hacia una mayor capacidad cognitiva, se asociaba con una mayor esperanza de vida. También se identificó una nueva superposición genética entre la capacidad cognitiva y el riesgo de desarrollar alguna enfermedad autoinmune.

El Dr. Todd Lencz, del Centro de neurociencia psiquiátrica del Instituto Feinstein y autor principal del estudio, expresó: “Por primera vez, pudimos utilizar información genética para dirigirnos hacia fármacos específicos que podrían ayudar a tratar los trastornos cognitivos del cerebro, incluida la enfermedad de Alzheimer, la esquizofrenia y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad”.

El objetivo final de esta investigación es ayudar a dirigir la investigación en terapias génicas que pueden ayudar a tratar enfermedades neurodegenerativas. Al comprender qué genes mejoran directamente la capacidad cognitiva, los científicos esperan poder combatir mejor aquellas enfermedades que erosionan nuestros mecanismos cognitivos.

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