Los espermatozoides, óvulos y embriones pueden conservarse para su uso futuro mediante una técnica de preservación conocida como crioconservación. El proceso de congelación es controlado por computadora y emplea soluciones especiales para proteger los huevos fertilizados. Los embriones congelados se almacenan a aproximadamente -240° C y pueden permanecer viables durante largos períodos de tiempo.

La tasa de supervivencia de los embriones congelados se encuentra en la actualidad en un rango del 90 al 95 por ciento. Además, la tasa de concepción con embriones criopreservados es similar a la tasa registrada cuando se usan embriones frescos.

Tina, Benjamín y Emma Gibson.

No se conoce un aumento en la tasa de abortos espontáneos, ni defectos de nacimiento a partir de embarazos que han resultado de la implantación de embriones previamente congelados y descongelados.

Recientemente se dio a conocer un caso que resulta tremendamente convincente de la efectividad de la técnica de crioconservación. Se trata del nacimiento de Emma Wren Gibson, una niña que nació el 25 de noviembre de 2017, pero su embrión estuvo congelado por más de 24 años, marcando un nuevo récord para la fertilización in vitro.

El embrión que posteriormente encarnaría a Emma, quien obviamente no es un producto del material genético de los Gibson, provino de padres anónimos y fue criopreservado el 14 de octubre de 1992, cuando Tina Gibson, quien a la postre sería su madre, tenía tan sólo un año de edad.

Tina y Benjamin Gibson acudieron al Centro Nacional de Donación de Embriones (CNDE), organización con sede en Knoxville, Tennessee, luego de que Benjamin fuera diagnosticado con fibrosis quística, lo cual le ocasiona problemas de fertilidad.

Cuando una pareja está lista para usar un embrión congelado, un especialista descongela el óvulo fertilizado, lo calienta lentamente y lo rehidrata. El embrión de Emma fue descongelado el 13 de marzo de 2017 por Carol Sommerfelt, directora de laboratorio de embriología del CNDE. Posteriormente, utilizando técnicas de fertilización asistida, el embrión fue trasferido al útero de Tina, donde se desarrolló al igual que cualquier otro embarazo.

Emma nació sana, con un peso de 2,85 kilogramos y midiendo 50,8 centímetros.

Ciertamente los Gibson están muy entusiasmados con la paternidad y manifiestan sentirse bendecido por el nacimiento de Emma, pero desde una perspectiva médica y científica, este es un éxito notable.

Emma es la muestra viviente de que los embriones, ​​se pueden donar de forma segura y se pueden mantener crioconservados a la espera de posibles padres que luchan contra la fertilidad. También podría significar una alternativa para las personas con cáncer, que anticipándose a la posible pérdida de la fertilidad producto de los tratamientos de quimioterapia, podrían almacenar un embrión saludable, hasta que estén listos para ser padres.