Primeros Pasos

Científicos de la Universidad de Washington han identificado redes cerebrales involucradas en el aprendizaje de un bebé a caminar; el hallazgo podría eventualmente ayudar a predecir si los bebés están en riesgo de encontrarse dentro del espectro autista.

Además de las tres dificultades centrales (interacción social, desafíos de comunicación y comportamientos repetitivos), los niños en el espectro autista a menudo tienen dificultades con la postura, la coordinación y la planificación motora. De hecho, estudios recientes muestran que las dificultades de movimiento son muy comunes en los niños autistas y, lo que es más importante, las habilidades motoras deficientes se asocian con mayores dificultades con la comunicación social.

Los hallazgos se basan en investigaciones previas que han demostrado que los bebés que tienen retrasos en el desarrollo de habilidades involucradas en la coordinación y el movimiento, tienen más probabilidades de ser diagnosticados posteriormente con trastorno del espectro autista.

En el estudio, que incluyó escáneres cerebrales y evaluaciones de las habilidades motoras de 187 bebés, los investigadores descubrieron inesperadamente que parte de una red cerebral que opera en adultos cuando el cerebro parece estar haciendo nada, está involucrada en aprender a caminar y controlar las funciones motoras.

Esta red, llamada red en modo predeterminado, está activa durante el sueño, el soñar despierto y cuando una persona está pensando en uno mismo y en su entorno, incluida la capacidad social de esa persona, que se ve alterada en las personas con trastorno del espectro autista.

Otras Investigaciones han demostrado que las personas con la enfermedad de Alzheimer y autismo, con frecuencia presentan interrupciones en la red de modo predeterminado.

Los científicos realizaron escáneres cerebrales funcionales en 187 niños mientras dormían. Escanearon a los niños cerca de su primer cumpleaños y nuevamente un año después y evaluaron las habilidades motoras gruesas en esos mismos momentos.

Algunos niños en el estudio tenían un riesgo elevado de autismo porque tienen hermanos con un diagnóstico de autismo. El trastorno del espectro autista es, en parte, una condición genética que se presenta en familias. En la población general, aproximadamente uno de cada 68 niños se ve afectado, pero las probabilidades aumentan a uno de cada cinco cuando un hermano tiene un diagnóstico de autismo.

Los investigadores encontraron que, entre el primer y segundo año, las redes cerebrales vinculadas a caminar, cambiaron. A los 12 meses, las conexiones más fuertes entre el motor del cerebro y las redes de modo predeterminado, estuvieron asociadas con una mejor marcha y habilidades motoras gruesas. A los 24 meses, las redes cerebrales vinculadas a la atención y el control de tareas, también se habían involucrado en la marcha y las habilidades motoras gruesas.

Los autores del estudio señalaron la posibilidad que los cerebros de los niños que desarrollan autismo no sean tan expertos en hacer esas conexiones de red y procesar esos datos. A medida que los expertos avanzan en sus investigaciones, planean buscar conexiones cerebrales defectuosas que puedan servir como marcadores fiables para el riesgo de autismo.