Pensando

De acuerdo a una investigación realizada por científicos de la Universidad de Nueva Gales del Sur, en Australia, para el cerebro, hablar con nosotros mismos en la mente, puede ser fundamentalmente lo mismo que expresar nuestros pensamientos en voz alta. Los hallazgos del estudio, pueden tener implicaciones importantes para comprender por qué las personas con enfermedades mentales como la esquizofrenia oyen voces.

El profesor Thomas Whitford, de la Escuela de Psicología de la UNSW, aclara que durante mucho tiempo se ha pensado que estas alucinaciones auditivas y verbales que presentan las personas con enfermedades neurológicas, surgen de anormalidades en el habla interna, es decir, de nuestro propio y silencioso diálogo interno.

Investigaciones previas sugieren que cuando nos preparamos para hablar en voz alta, nuestro cerebro crea una copia de las instrucciones que se envían a nuestros labios, boca y cuerdas vocales. Esto se conoce como una copia de eferencia, la cual es enviada a la región del cerebro que procesa el sonido para predecir qué sonido va a escuchar.

Esto permite que el cerebro discrimine entre los sonidos predecibles que hemos producido nosotros mismos, y los sonidos menos predecibles que producen otras personas.

Los investigadores explican que la copia de eferencia amortigua la respuesta del cerebro a las vocalizaciones autogeneradas, otorgando menos recursos mentales a estos sonidos, porque son muy predecibles, generando lo que se conoce como atenuación sensorial, un fenómeno en que las sensaciones autogeneradas, se sienten menos destacadas y provocan una respuesta neurofisiológica más reducida que las sensaciones generadas externamente y que son físicamente idénticas.

Ese fenómeno es lo que nos imposibilita hacernos cosquillas nosotros mismos. Cuando frotamos la planta del pie, el cerebro predice la sensación que está por sentirse y genera una respuesta atenuada. Pero si alguien más frota la planta del pie inesperadamente, la misma sensación será imprevista; en ese caso, la respuesta del cerebro será mucho más intensa y creará la sensación de cosquilleo.

El equipo de investigación desarrolló un método objetivo para medir la acción puramente mental del habla interna. El estudio incluyó a 42 participantes sanos a quienes se les evaluó el grado en que los sonidos imaginarios interferían con la actividad cerebral provocada por sonidos reales; para lograr esa monitorización los especialistas utilizaron electroencefalografía.

Al analizar las evaluaciones, los investigadores encontraron que, al igual que para el habla vocalizada, el simple hecho de imaginar hacer un sonido reducía la actividad cerebral que se producía cuando las personas escuchaban ese sonido simultáneamente.

Los pensamientos de las personas fueron suficientes para cambiar la percepción del cerebro. En efecto, cuando las personas imaginaban sonidos, esos sonidos reales eran percibidos más atenuados.

Al proporcionar una manera de medir directa y precisamente el efecto del habla interna en el cerebro, esta investigación abre la puerta a la comprensión de cómo el habla interna puede ser diferente en personas con enfermedades psicóticas como la esquizofrenia.

Al referirse a los resultados de la investigación, el Dr. Witford señaló:

Todos escuchamos voces en nuestras cabezas. Quizás el problema surge cuando nuestro cerebro no puede determinar que somos nosotros mismos quienes los estamos produciendo.