Hambriento

Aunque se sabe que el cerebro regula la ingesta de alimentos mediante el procesamiento de señales sensoriales y fisiológicas, detrás del hambre, esa sensación que nos impele a ingerir alimentos, subyacen mecanismos neuronales que aún no son comprendidos en su totalidad. Ahora, investigadores de la Universidad de Pennsylvania, informan haber hecho descubrimientos que podrían servir como fundamento al diseño de estrategias que podrían reducir la ingesta de alimentos.

En su estudio, el equipo de científicos ha descubierto el mecanismo biológico por el cual el intestino se comunica con el cerebro para regular el hambre; además, descubrieron una nueva combinación de hormonas que pueden imitar la señal enviada a nuestro cerebro, diciéndole que se ha consumido suficiente comida.

Los científicos han descubierto grandes conocimientos sobre los mecanismos de regulación del apetito de nuestro cuerpo en los últimos años. Ahora sabemos que no sólo es el hipotálamo el que controla el hambre en el cerebro, sino que una concentración de neuronas que expresan las proteínas relacionadas con agouti (AgRP), es clave para controlar el gasto energético y la sensación de hambre.

En los experimentos realizados en ratones, los investigadores analizaron la actividad de AgRP después de que los animales fueron alimentados con un gel sin calorías. El consumo del alimento inicialmente mostró una disminución directa en la actividad de AgRP, pero este efecto duró en promedio alrededor de 200 segundos, antes de que las neuronas que controlan apetito se reactivaran.

Esto sugirió que una vez que el estómago había reconocido que el alimento carecía de calorías, se comunicaba con el cerebro para reanudar la sensación de hambre, a fin de que el animal pudiera obtener más nutrientes.

El siguiente paso en la investigación fue descubrir qué proceso utilizaba el intestino para indicarle al cerebro que los alimentos consumidos no contenían suficientes nutrientes. Tres hormonas, emitidas durante la digestión, se identificaron como contribuyentes directos a reducciones significativas en la actividad de la neurona AgRP.

Posteriormente, los investigadores desarrollaron un cóctel de bajas dosis de las tres hormonas y cuando se les administró a los ratones, se demostró que reduce la actividad de AgRP, con muy pocos efectos secundarios, lo que apunta a una posible estrategia terapéutica para reducir la sobrealimentación y la obesidad consecuente.

Los autores del estudio resaltan que los resultados de la investigación tienen un gran potencial en el tratamiento de la obesidad. Además de desarrollar fármacos para imitar estas señales cerebrales del intestino, investigaciones adicionales examinarán formas de diseñar estrategias de pérdida de peso, que puedan minimizar fundamentalmente la actividad de la neurona AgRP y, por lo tanto, el hambre.

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