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Algunos carnívoros poseen llamativos parches de pelo en la cara, que incluyen manchas, bandas y máscaras oculares, así como marcas en sus pechos, que son perceptibles principalmente desde una vista frontal. Aunque estos rasgos evolutivos permanecen sin ser comprendidos en su totalidad, un estudio realizado por investigadores de la Universidad de California en Davis, aporta datos significativos que ayudan a esclarecer la incógnita.

A fin de determinar el propósito que subyace a estos patrones, los investigadores recolectaron fotografías de 164 depredadores terrestres de seis familias, incluyendo: cánidos (zorros, coyotes), félidos (tigres, leopardos), mustélidos (nutrias, mofetas), úrsidos (osos), vivérridos (ginetas, civetas) y herpéstidos (mangostas, suricatos).

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Utilizaron varias imágenes de cada especie para dar cuenta de las diversas condiciones de iluminación; posteriormente analizaron la cantidad de colores y sombras presentes, así como la forma en que esos colores contrastaban entre sí y los compararon con los rasgos de comportamiento de esos animales.

Utilizando análisis multifactoriales filogenéticamente controlados de las seis familias examinados por separado, los investigadores encontraron asociaciones positivas significativas entre las medidas de la complejidad del patrón de color y la sociabilidad, en las caras de los herpéstidos y los cánidos.

La complejidad del color facial de los mustélidos se asoció con la capacidad de dirigir las secreciones anales con precisión a los depredadores, y las marcas faciales se asociaron de manera significativa con la belicosidad en los mustélidos, vivérridos y herpéstidos.

En las especies vivérridos y herpéstidos, el complejo patrón facial se relacionó de manera significativa con una dieta basada en mamíferos. En los úrsidos, el contraste facial parece menos variable en especies que viven en mayor simpatía con otros osos.

Aunque las razones específicas por las que muchos carnívoros tienen patrones coloridos y memorables aún no se comprenden a plenitud, en base a las observaciones realizadas, los investigadores plantearon las siguientes hipótesis:

  • El reconocimiento de especies.
  • La publicidad de defensas anales tóxicas o pugnacidad.
  • El reconocimiento de los miembros del grupo.
  • Tratar de permanecer oculto al acercarse a la presa.
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Los autores de la investigación señalan que en estudios futuros se debe tener en cuenta variables adicionales: si los animales están activos de día o de noche y cuál es el hábitat de la especie. Al respecto, Tim Caro, del Departamento de Vida Salvaje y Conservación Biológica de la UC Davis y autor principal del estudio, comenta: “Recién estamos comenzando a sentar las bases que nos llevarán a determinar el propósito de estos patrones, por lo que queda mucho trabajo por hacer”.

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