Una reciente investigación realizada por científicos de la Universidad de Brandeis, en Massachusetts, sugiere tener presente que los videojuegos son más de lo que se ve en pantalla, y resalta que lo que se escucha tiene mucha importancia.

La investigación propone que los humanos se desempeñan mejor cuando hay múltiples sentidos involucrados y las entradas sensoriales están de acuerdo entre sí.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores diseñaron especialmente un videojuego que llamaron “¡Policía de peces!”. Los experimentos incluyeron la participación de trece individuos (7 hombres y 6 mujeres) con edades comprendidas entre 20 y 27 años, que fueron reclutados de la comunidad de la Universidad de Boston.

El escenario del juego lo conforma el arco de un bote que se asoma desde la parte inferior de la pantalla; en la parte superior aparecen peces nadando horizontalmente sobre un fondo turquesa acuoso. A los jugadores se les muestran ejemplos de dos tipos de peces: uno catalogado como bueno, que a medida que nada por la pantalla, cambia de tamaño, u oscila, lentamente, y un pez malo, que nada oscilando más rápidamente.

Las pruebas se llevaron a cabo en un ambiente controlado y tuvieron una duración de 5 minutos, durante los cuales aparecieron de manera aleatoria, peces buenos y malos, uno después del otro. Los jugadores debían presionar un botón en el joystick cada vez que veían un pez bueno, y otro botón, cada vez que veían un pez malo. Cada vez que se tenía un acierto en un lapso que no superara dos segundos, se ganaba un punto.

Pero implícitamente, el juego incorporó un elemento auditivo. Mientras un pez nadaba, se emitía un tono que fluctuaba en volumen, ya sea rápida o lentamente. A lo largo del experimento, se presentó un sonido de fondo continuo adicional, destinado a evocar el sonido del agua corriendo en una corriente, a un nivel bajo, pero superponiéndose en el tiempo con el sonido asociado a cada pez.

Una vez finalizados los experimentos los investigadores pudieron evidenciar que los jugadores tuvieron un mejor desempeño, cuando la velocidad a la que un pez fluctuaba en tamaño, coincidía con la velocidad a la que el sonido fluctuaba en volumen.

Cuando las señales no coincidían, por ejemplo, si el volumen del sonido cambiaba rápidamente pero el tamaño del pez cambiaba lentamente, los jugadores tenían un rendimiento inferior. Y cuando se prescindió del sonido, los jugadores tuvieron un peor desempeño.

El Dr. Robert Sekuler, profesor de psicología y neurociencia de la Universidad de Brandeis y coautor del estudio, concluye señalando: “No podemos olvidar que vivimos en un mundo multisensorial. Cada vez que se cuenta con múltiples fuentes de información y éstas se correlacionan, el rendimiento mejora.”

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