Se estima que en la actualidad la edad promedio para que un niño tenga su primer teléfono es de sólo 10 años. Esto desnuda una realidad que refleja la dependencia cada vez mayor que tienen los jóvenes a los teléfonos inteligentes; un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Corea, en Seúl, sugiere que esta dependencia a la tecnología podría estar afectando el cerebro de algunos adolescentes.

Los hallazgos revelan que los adolescentes que son adictos a sus teléfonos inteligentes tienen más probabilidades de sufrir trastornos mentales, incluida la depresión y la ansiedad.

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Los investigadores utilizaron espectroscopía de resonancia magnética (MRS) para obtener una visión única de los cerebros de los adolescentes que participaron en el estudio, el cual incluyó a 19 jóvenes (9 hombres, 10 mujeres) con una edad promedio de 15,5 años, los cuales fueron diagnosticados con adicción a internet o teléfonos inteligentes, y 19 jóvenes sanos de igual edad y sexo, que sirvieron como grupo de control.

A fin de determinar la gravedad de la adicción, los investigadores recurrieron a pruebas estandarizadas de adicción a internet y teléfonos inteligentes. Las preguntas estuvieron orientadas precisar cómo el uso de estos recursos tecnológicos afecta sus rutinas diarias, la vida social, la productividad, los patrones de sueño y los sentimientos.

Doce de los jóvenes adictos recibieron nueve semanas de terapia cognitiva conductual, modificada a partir de un programa de terapia cognitiva para la adicción al juego, como parte del estudio.

Los resultados mostraron que los adolescentes adictos tenían puntajes significativamente más altos en depresión, ansiedad, severidad del insomnio e impulsividad, cuando se les comparaba con el grupo de control.

Los escáneres cerebrales también mostraron los niveles de ácido gamma aminobutírico (GABA), un químico que ralentiza las señales cerebrales, y glutamato-glutamina (Glx), un químico que hace que las células cerebrales se exciten más eléctricamente, en el cerebro de cada participante.

Estudios previos han encontrado que GABA participa en el control visual y motora, así como en la regulación de varias funciones cerebrales, incluida la ansiedad.

Los resultados mostraron que los adolescentes adictos tenían niveles de GABA mucho más altos y niveles de Glx más bajos que los controles.

Esto sugiere que estos químicos están altamente relacionados con la adicción a los teléfonos inteligentes.

Los investigadores encontraron que los niveles de GABA disminuyeron y los niveles de Glx aumentaron en adolescentes adictos, después de recibir la terapia cognitiva conductual.

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La terapia cognitivo-conductual, o TCC, es un tratamiento de conversación que combina la terapia cognitiva, examinando las cosas que se piensan, y terapia conductual, enfocado a las cosas que se hacen. Básicamente, este tratamiento busca descomponer un gran problema en fragmentos más pequeños y manejables, y luego trabaja para detener cualquier proceso de pensamiento negativo.

En este estudio, las sesiones de TCC realizadas semanalmente durante nueve semanas disminuyeron significativamente las proporciones de GABA y de Glx.

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