Desde tiempos ancestrales la naturaleza ha sido una de las principales fuentes de inspiración para el desarrollo de avances tecnológicos; particularmente, la robótica ha logrado muchos de sus avances, imitando las características de los animales, aunque hay que admitir que estamos lejos de construir robots que puedan coincidir con nuestros amigos biológicos.

Sin embargo, un grupo de investigadores de la Universidad de Tecnológica de Nanyang en Singapur, adoptando un enfoque diferente, aplicaron las nociones de la robótica a unos insectos, creando unos novedosos escarabajos cíborgs, es decir, criaturas que combinan materia orgánica y dispositivos electrónicos, que se distinguen por ser los más pequeños y controlables construidos hasta el momento.

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El profesor Hirotaka Sato, catedrático de la UTN y líder del equipo de investigadores, se refiere a sus logros y manifiesta: “Es posible utilizar un insecto vivo como plataforma para desarrollar un robot híbrido insecto-máquina viviente. Dicho híbrido conserva la compleja estructura del exoesqueleto rígido del insecto, las articulaciones compatibles y los actuadores blandos, así como la capacidad de locomoción del insecto, a la vez que permite un tener un alto control y un bajo consumo de energía.”

Tal robot híbrido de insecto-máquina está hecho sobre una plataforma de insectos vivos a los que se les ha acoplado un dispositivo electrónico miniaturizado para controlarlo. Al utilizar el insecto como robot, los investigadores omiten los complejos procesos de diseño y fabricación del cuerpo del robot, utilizando el sistema muscular del insecto como actuadores blandos y articulaciones flexibles y su sistema nervioso como parte del sistema de control.

Este cíborg en particular es un tipo de escarabajo oscuro (Zophobas) que tiene un periodo de vida de aproximadamente tres meses. Es pequeño y liviano, mide de  2 a 2,5 centímetros y pesa alrededor de 0,5 gramos.

Esta criatura ha sido equipada con una “mochila” de interfaces electrónicas conectadas a las antenas del insecto, y cuando éstas son estimuladas con un pulso eléctrico, activan el mecanismo de escape incorporado del escarabajo, engañándolo y pensando que está corriendo hacia algo y haciendo que gire, de acuerdo a la conveniencia del controlador.

La ventaja de hacer las cosas de esta manera, en contraste a la estimulación nerviosa o muscular directa, es que el cerebro del escarabajo todavía está a cargo de controlar sus extremidades, lo que hace que la locomoción sea un problema mucho más simple de resolver. Con sólo dos minúsculas baterías, el llamado cybeetle, se puede controlar durante 8 horas, lo que es lo suficientemente como para viajar más de un kilómetro a una velocidad promedio de 4 centímetros por segundo.

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En cuanto a las aplicaciones prácticas que pudieran tener estos insectos robotizados, los investigadores explican que en un escenario de desastre, pudieran ser muy útiles. Se podría liberar cientos de insectos cyborg, (resaltan que el precio de un insecto cyborg sería insignificante una vez producido en masa) que pueden moverse libremente en las estructuras colapsadas y enviar mapas de sus posiciones y condiciones ambientales, para que los equipos de rescate puedan planificar su acción de manera eficiente sobre cómo y dónde deben acceder.

Una vez que un insecto detecta a una víctima, podría enviar una alarma y cambiar al modo de control autónomo para moverse alrededor de la víctima para confirmar y construir un mapa más claro del entorno circundante. Al final de la operación de rescate, todos los insectos regresarán de forma autónoma a la base de control.

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