Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Duke, encontró que incrementar la actividad cerebral en una región asociada con el pensamiento y la resolución de problemas, puede amortiguar el empeoramiento de la ansiedad.

En estudios previos los investigadores mostraron que las personas cuyos cerebros exhiben una alta respuesta a la amenaza y una baja respuesta a la recompensa, tienen más riesgo de desarrollar síntomas de ansiedad y depresión, con el paso del tiempo.

Con esos precedentes los investigadores se plantearon investigar si tener una mayor actividad en una región del cerebro llamada corteza prefrontal dorsolateral (CPFDL), podría ayudar a proteger a estas personas en riesgo a sufrir la enfermedad mental, más adelante en sus vidas.

Los especialistas explican que la corteza prefrontal dorsolateral es el centro de “control ejecutivo” de nuestro cerebro, la cual ayuda a centrar la atención y a planificar acciones complejas, además de desempeñar un papel importante en la regulación de las emociones.

Para llevar a cabo el estudio, el equipo de investigación examinó los datos de 120 estudiantes; cada uno completó una serie de cuestionarios de salud y se sometió a un escáner cerebral conocido como Imagen de Resonancia Magnética funcional (fMRI, por sus siglas en inglés) mientras realizaban tareas que activaban ciertas áreas del cerebro.

Se le solicitó a cada participante que completara una serie de problemas matemáticos basados ​​en memoria, que estaban destinados a estimular la CPFDL. Además, los sujetos vieron caras con expresiones de susto o enojo, para estimular una región del cerebro conocida como la amígdala y jugaron un juego basado en recompensa, a fin de activar otra región llamada cuerpo estriado ventral.

Después de comparar las evaluaciones de salud mental de los sujetos en el momento de las resonancias magnéticas y de realizar un seguimiento de siete meses, los investigadores descubrieron que las personas en riesgo tenían menos probabilidades de experimentar ansiedad cuando tenían una mayor actividad en el DLPFC.

Los autores del estudio encontraron que las personas en riesgo de sufrir ansiedad, podrían ser más propensas a beneficiarse de los enfoques que aumentan la actividad en el DLPFC, incluyendo la terapia cognitivo-conductual, el entrenamiento de la memoria de trabajo y la estimulación magnética transcraneal.

El Dr. Ahmad R. Hariri, catedrático en el Departamento de Psicología y Neurociencia de Duke y autor principal del estudio, señala: “Nuestros hallazgos destacan una combinación única de biomarcadores neuronales que pueden identificar a las personas en riesgo, para quienes la adopción de estrategias para mejorar el control ejecutivo de las emociones negativas puede resultar particularmente beneficiosa”.

Los resultados del estudio pueden representar un paso orientado a la adaptación de terapias psicológicas para el funcionamiento cerebral específico de pacientes individuales.