Durante las últimas décadas se ha evidenciado un incremento notable de la obesidad en la población. Son muchas las opiniones que atribuyen este fenómeno a los desequilibrios calóricos que resultan de la sobrenutrición y a estilos de vida sedentarios. Sin embargo, un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Duke, demuestra que las mutaciones en un gen específico, podrían hacer que las personas engorden sin tener culpa alguna.

La nueva investigación realizada en ratones y que se enfocó en analizar los efectos de las variantes del gen anquirina-B, que se encuentran en millones de personas, revela que algunas personas están genéticamente predispuestas a tener sobrepeso.

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Estudios previos han demostrado que los ratones con alteraciones del gen ganan más peso, incluso cuando reciben la misma cantidad de alimento y ejercicio que sus contrapartes. Esta vez, el equipo que realizó la investigación descubrió por qué sucede esto.

Para lograrlo, diseñaron ratones con varias modificaciones comunes del gen encontrado en humanos. Los experimentos realizados mostraron que los ratones con la variante genética ganaron peso, y que sus células de grasa blanca que almacenaban energía se duplicaron en tamaño, a pesar de que comieron y se ejercitaron en la misma medida que los ratones normales.

Adicionalmente, los investigadores evidenciaron que el aumento de peso aumentó a medida que los ratones envejecieron o fueron alimentados con una dieta alta en grasas.

Observaron que los ratones que tenían mutaciones del gen anquirina-B, almacenaban más glucosa en sus células adiposas, lo que a su vez producía más grasa. Típicamente, la membrana plasmática celular, actúa como una barrera para evitar que la glucosa ingrese a estas células, pero los investigadores encontraron que la alteración genética, provocó una perturbación en esta membrana, la cual permitió la anormal recepción de glucosa.

El profesor del Departamento de Bioquímica de la UD y autor principal del estudio, Dr. Vann Bennett, comenta: “Por mucho tiempo se les ha dicho a las personas que vigilen sus calorías y hagan más ejercicio, pero este nuevo hallazgo sugiere que este enfoque general no funciona para todos.”

El estudio, además ilustra un problema común para las personas: aumento de peso en función de la edad. Los investigadores explican que los ratones aumentaron gradualmente de peso, comenzando alrededor de los 10 meses de edad, que es el equivalente a una persona de 45 años.

Nuestro metabolismo, naturalmente se desacelera con la edad, lo que hace que a los 50 años sea más difícil mantener el peso que se tiene a los 30 años. Si a esta ecuación se le incorpora la mutación del gen anquirina-B, puede parecer imposible mantener un peso saludable mientras se envejece.

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Los investigadores señalan que sus hallazgos deben confirmarse en la población general. Para ello, deberán identificar a las personas con variantes de anquirina-B, y luego evaluar los antecedentes familiares, la altura y el peso, y los rasgos fisiológicos característicos, así como el metabolismo de la glucosa, para determinar el impacto de estas variantes en la salud humana.

Los autores del estudio concluyen expresando que lo evidenciado en el estudio, puede servir de fundamento para el desarrollo de nuevas estrategias de tratamiento para la obesidad.

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