Estudios previos en ratones han demostrado las capacidades rejuvenecedoras de la sangre de ratón joven. Los ratones viejos que recibieron sangre joven, mostraron mejoras en la salud de varios órganos, y un estudio incluso encontró que puede mejorar la función cognitiva.

Llevando esto un paso más allá, científicos de la Universidad de Stanford, inyectaron plasma sanguíneo de humanos jóvenes en ratones viejos, y se descubrió que tenía los mismos beneficios rejuvenecedores que la sangre de ratón joven.

Los científicos descubrieron que una proteína sanguínea llamada factor de diferenciación del crecimiento 11 (GDF11), es un elemento clave en este proceso de rejuvenecimiento. Los niveles de GDF11 disminuyen con la edad tanto en ratones como en humanos, pero los científicos no están seguros de por qué sucede esto.

Por lo tanto, los investigadores se preguntaron si el aumento de los niveles de GDF11 en humanos tendría efectos rejuvenecedores similares en las personas mayores, por lo que diseñaron un ensayo clínico para descubrirlo.

El equipo de investigadores realizó un primer ensayo clínico controlado, en el cual se administró sangre de individuos jóvenes a personas con Alzheimer; Los especialistas evaluaron a personas de entre 54 y 86 años con enfermedad de Alzheimer de leve a moderada. Posteriormente se le administró a los 18 sujetos, infusiones semanales durante cuatro semanas.

Los participantes del ensayo recibieron un placebo salino o plasma, es decir, sangre de la que se extrajeron los glóbulos rojos, de donantes de sangre de entre 18 y 30 años de edad. Durante el ensayo, el equipo monitoreó a los pacientes a fin de evaluar sus habilidades cognitivas, estado de ánimo y habilidades generales para manejar sus vidas de forma independiente.

Aunque se pudo evidenciar que produjo modestas mejoras en la vida cotidiana de las personas que padecen la enfermedad de Alzheimer, el procedimiento no mostró ser tan efectivo como se esperaba.

Los investigadores que realizaron el ensayo advierten que los resultados se basan en sólo 18 personas y, por lo tanto, es un primer paso para explorar este tipo de tratamiento. Al respecto el neurólogo Tony Wyss-Coray, académico de la Universidad de Stanford y coautor del estudio señala: “Este es un ensayo realmente muy pequeño y los resultados no deben sobreinterpretarse”.

El estudio no detectó reacciones adversas graves, por lo que parece ser seguro. Aunque no se observó un efecto significativo en la cognición, dos revisiones de pruebas que evaluaron las habilidades de la vida diaria, mostraron una mejoría.

Los autores del estudio expresan que su trabajo es un esfuerzo diferenciador y representa el primer enfoque para tratar la enfermedad de Alzheimer, que no se basa en la teoría predominante de que la enfermedad es causada por la proteína amiloide-β o moléculas de tau en el cerebro, los cuales hasta ahora, no han resultado en ningún tratamiento.

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