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Los ojos son órganos verdaderamente sobresalientes. Además de dotarnos de la capacidad de percibir imágenes, también tienen otras funciones biológicas importantes, incluidos los reflejos visuales automáticos que ocurren sin conciencia. Este sistema reflexivo permite que los ojos se ajusten y podamos distinguir objetos cercanos y lejanos, grandes y pequeños, móviles y estacionarios, así como objetos a plena luz del día y bajo condiciones de poca luz.

De acuerdo con un nuevo estudio realizado por investigadores de la Escuela de Medicina Perelman y la Escuela de Artes y Ciencias de la Universidad de Pensilvania, el sistema reflexivo del ojo humano también produce una experiencia visual y consciente.

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Los hallazgos pueden proporcionar información sobre la excesiva sensibilidad a la luz que a veces experimentan las personas con enfermedades oculares, migrañas y conmociones cerebrales.

El estudio abordó las propiedades de la melanopsina, una proteína sensible a la luz azul que establece el ritmo del ciclo día-noche y la constricción de la pupila a la luz brillante.

Los investigadores crearon un pulso de luz especial que estimula sólo a las células de melanopsina del ojo. Mostraron este pulso de luz a las personas y midieron la respuesta de sus pupilas y la actividad cerebral; posteriormente les preguntaron qué vieron.

Sorprendentemente, descubrieron que las personas tienen actividad cerebral y una experiencia visual, en respuesta a una luz que es invisible a partes del ojo que normalmente son utilizadas para ver.

Manuel Spitschan, PhD, autor principal del estudio señala: “Ha sido difícil saber si tenemos una experiencia visual que acompaña a estos reflejos, ya que cualquier luz normal que estimule la melanopsina, también estimulará las células cónicas del ojo que apoyan nuestra visión normal. Por lo tanto no sabríamos si lo que ve una persona surge de la melanopsina o los conos”.

Para superar esta dificultad, los investigadores desarrollaron un tipo especial de pulso de luz que estimula la melanopsina, pero que es invisible para los conos. Las luces se crearon utilizando una máquina que puede esculpir y cambiar entre “arco iris” de luz diseñados por computadora.

Los investigadores hicieron que las personas observaran estos pulsos de luz mientras se registraba la respuesta cerebral de los participantes del estudio.

Los científicos confirmaron que un pulso de luz que es invisible a los conos, evoca una constricción lenta y reflexiva de la pupila, lo cual es una característica de la estimulación con melanopsina. Luego midieron la actividad cerebral utilizando la técnica de la resonancia magnética funcional y descubrieron que la vía visual del cerebro, responde al estímulo de la melanopsina.

Los hallazgos tienen una relevancia especial para comprender la experiencia de las personas con fotofobia, es decir, que son demasiado sensibles a la luz brillante y experimentan dolor como consecuencia a dicha exposición lumínica.

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Los autores del estudio señalan que los sujetos descubrieron que el estímulo de la melanopsina es desagradable y las personas con fotofobia pueden experimentar una forma más fuerte de esta respuesta a esta proteína.

Finalmente, aclaran los autores, “Ahora se cuenta con una herramienta que puede ayudar a comprender mejor la excesiva sensibilidad a la luz”.

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