Por mucho tiempo se ha asumido que el origen de la enfermedad de Alzheimer es netamente cerebral, una afirmación generalmente aceptada ya que el padecimiento se describe como una afección neurológica degenerativa, que se asocia comúnmente con la pérdida y la confusión de la memoria.

Sin embargo, un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Columbia Británica y la Universidad Médica Militar de Chongqing en China, revela que la enfermedad de Alzheimer, podría no ser sólo un problema cerebral.

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De acuerdo al nuevo estudio, las proteínas tóxicas asociadas con la enfermedad de Alzheimer producidas en otra parte del cuerpo, pueden desencadenar la enfermedad dentro del cerebro, un descubrimiento que abre la puerta a un enfoque completamente nuevo para el desarrollo de nuevos tratamientos.

En lugar de terapias dirigidas al cerebro, que está protegido por una membrana difícil de penetrar llamada barrera hematoencefálica, los científicos pueden centrar su atención en limpiar las proteínas del resto del cuerpo, como una forma de detener o retrasar el inicio de la enfermedad.

La proteína beta amiloide, que se produce en el cerebro, forma grupos pegajosos o placas que dañan las células cerebrales, interfieren con su función, desencadenan inflamación y acarrean la muerte celular. A medida que las células del cerebro pierden la capacidad de funcionar, el aprendizaje y la memoria se deterioran, provocando la enfermedad de Alzheimer.

Pero esas proteínas también se producen en otras partes del cuerpo y viajan al cerebro, a través de la barrera hematoencefálica, donde contribuyen al desarrollo de la enfermedad. A medida que envejecemos, la barrera se vuelve más porosa, permitiendo que la proteína beta amiloide traspase más fácilmente al cerebro.

El Dr. Weihong Song, profesor de psiquiatría de la Facultad de Medicina de la UCB y coautor del estudio, explica: “La eliminación del amiloide fuera del cerebro podría ayudar a reducir la carga de esta proteína dentro del cerebro y ralentizar la progresión de la enfermedad. Los fármacos que marcan la proteína de una manera que sea reconocible para el riñón o el hígado, podrían eliminar la proteína antes de que llegue al cerebro.”

Los investigadores señalan que después de décadas de investigación y miles de millones de dólares invertidos, no hay un tratamiento farmacológico aprobado que pueda eliminar o destruir el beta amiloide en el cerebro.

Para demostrar la movilidad similar al cáncer que tiene la proteína amiloide-beta, los investigadores unieron quirúrgicamente a ratones en pares, uno sano y el otro genéticamente modificado para producir altos niveles de beta-amiloide.

Los ratones normales mostraron síntomas de Alzheimer después de que las proteínas amiloides transmitidas por la sangre de los ratones modificados, pasaron a través de su barrera cerebral y dañaron sus células.

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En sólo cuatro meses las señales eléctricas involucradas en el aprendizaje y la memoria se deterioraron; los ratones normales desarrollaron placas dentro del cerebro y marañas de proteínas que provocaron la muerte de las células cerebrales, así como la degeneración, la inflamación y las micro-hemorragias comúnmente observadas en el Alzheimer.

Los autores del estudio señalan que la enfermedad de Alzheimer es claramente una enfermedad del cerebro, pero indican que se debe prestar atención a todo el cuerpo, a fin de comprender de dónde viene la enfermedad y cómo detenerla.

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