El Poder Corrompe

Más de un siglo después de que el historiador Barón John Acton, acuñara la famosa frase “el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”, los científicos han demostrado que incluso las personas más nobles, pierden de vista sus valores cuando se les otorga el derecho a gobernar.

Desde temprana edad, cuando los padres tienen control total sobre sus vidas, las personas descubren que tienen la capacidad de controlarlos a través de acciones, que van desde aleteo de pestañas hasta ataques de gritos.

Ese juego sigue en el curso de la vida y las personas van descubriendo cómo se gana poder. Inicialmente, pueden tener buenas intenciones, buscar fortalecer una empresa, ayudar a otros a tener éxito, etcétera; con este sano propósito, muchas personas se excusan por hacer pequeñas indiscreciones.

Muchos líderes comienzan de esta manera, haciendo el bien y ayudando a otros; pero en poco tiempo se dejan seducir por la vigorosa sensación que produce tener poder.

Una serie de experimentos demostró que personas honestas una vez que ostentan el poder, no pueden resistirse a recompensarse a costa de los demás. Reconocidos psicólogos afirman que el poder altera fundamentalmente la percepción. Las personas poderosas deambulan en un espacio psicológico muy diferente a los que no lo tienen. El poder aumenta la confianza, el optimismo y la asunción de riesgos, entre otros aspectos.

El poder es seductor, no sólo porque es el medio por el cual se puede obtener lo que se quiere, sino también porque da confianza, ofrece una sensación de control y también puede desempeñar un papel importante para aumentar el sentido de identidad.

De esta forma, jugando a las necesidades profundas, el poder se vuelve altamente atrayente. Cuando la gente admira y trata como dioses, es demasiado fácil creerles y asumir que se es realmente superior.

Pero el poder también es adictivo; las personas se sienten impulsadas ​​a buscar más y más poder, a pesar de que pudieran nunca usarlo. Como un avaro, el adicto al poder sólo quiere tenerlo, por tenerlo y de ese modo lo acapara y no lo comparte.

Los líderes también pueden “intoxicarse” con el poder, involucrándose en comportamientos incorrectos simplemente porque pueden y pueden salirse con la suya y los seguidores están dispuestos a confabularse y a aceptar esas actuaciones indebidas.

El poder corrompe porque da la oportunidad y el ímpetu de actuar sin temor a las consecuencias. El poder simplemente permite que una condición preexistente aparezca de una manera más obvia, contundente y destructiva.