Miedo

Cada Halloween, millones de dólares son invertidos en lo que se conoce como diversión aterradora. Desde casas embrujadas hasta películas de terror, pasando por disfraces espantosos y máscaras aterradoras, tanto los adolescentes como los adultos, parecen ansiar un buen susto. Pero si el miedo es una respuesta de supervivencia natural a una amenaza o peligro, ¿por qué hay personas que buscan experimentar esta sensación y disfrutan sentir miedo?

Aunque no se puede generalizar y afirmar que todas las personas se complacen de sentir miedo, existen muchos que realmente disfrutan de la experiencia. El miedo, como respuesta del sistema de lucha o huida, es una sensación que puede generar emociones que para algunos son realmente satisfactorias; existe una fuerte evidencia de que no se trata sólo de una elección personal, sino de nuestra química cerebral.

Los sentimientos positivos son causados ​​por diferentes neurotransmisores y hormonas liberadas cuando el cuerpo siente miedo, las cuales son activadas por el sistema simpático del cerebro.

Investigaciones científicas muestran que las personas difieren en su respuesta química a situaciones emocionantes. Una de las principales hormonas liberadas durante las actividades aterradoras y emocionantes es la dopamina, y resulta que algunas personas pueden tener una respuesta más acentuada a esta hormona que otros.

Básicamente, los cerebros de algunas personas carecen de lo que algunos investigadores describen como “frenos” en la liberación de dopamina. Esto significa que, a diferencia de otros, hay personas que realmente disfrutan experimentar situaciones aterradoras, arriesgadas e impresionantes.

Muchas personas también disfrutan de exponerse a situaciones de miedo, porque les genera una sensación de confianza cuando termina; por lo tanto, puede ofrecer un impulso de autoestima real.

Aunque ver una película de terror o visitar una casa embrujada, en realidad no representa un riesgo verdadero, se trata de desencadenar la increíble respuesta de lucha o huida para experimentar la avalancha de adrenalina, endorfinas y dopamina, pero en un entorno seguro.

Un buen ejemplo de esto son las casas embrujadas; provocan un susto al activar alguno de los sentidos, los cuales están directamente relacionados con la respuesta al miedo y activan la reacción física; pero el cerebro tiene tiempo para procesar el hecho de que estas amenazas no son reales; por esta razón es frecuente observar que alguien grita y salta de miedo, y luego inmediatamente comienza a reír y sonreír, complacidos por la sensación experimentada.