A lo largo de las últimas cuatro décadas, China ha tenido un impresionante crecimiento económico, a costa de cielos cubiertos de niebla, arroyos fétidos y lagos con peces moribundos.

Para afrontar esa situación, las autoridades chinas están llevando a cabo uno de sus esfuerzos más extensos para refrenar a los contaminadores corporativos.

Los esfuerzos modernos de China para combatir la contaminación doméstica se remontan a 2013, cuando el país anunció 10 medidas para limpiar el aire, incluida la reducción de las emisiones de las industrias altamente contaminantes en un 30 por ciento para finales de 2017.

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En este entorno, una gran cantidad de inspectores han visitado fábricas de acero, centrales eléctricas de carbón y otros negocios, y han ordenado a los infractores que limpien sus operaciones o corran el riesgo de ser detenidos.

Este severo impulso ha llevado a las autoridades gubernamentales a clausurar decenas de miles de fábricas, lo cual ha generado gran controversia entre defensores y detractores de las medidas anticontaminantes.

Sin duda se trata de un conjunto de medidas sin precedente y en opinión de muchos, podrían conllevar el riesgo de perjudicar el crecimiento económico de China y afectar los mercados mundiales.

Se espera que estas disposiciones contra las empresas que infringen las metas contaminantes, provean al país  de una amplia gama de beneficios ecológicos, como cielos más azules, agua más limpia y la posibilidad de respirar mejor.

La campaña, que comenzó hace dos años, pero se aceleró en los últimos meses, es tan amplia que está comenzando a afectar a los mercados. Algunos economistas han comenzado a advertir de una posible ralentización de toda la economía china este invierno.

El ministro chino de Protección Ambiental, Li Ganjie, expresó en una conferencia de prensa: “La contaminación es un factor importante en el debate más amplio sobre el costo del crecimiento en China. Es imposible que tales esfuerzos no impacten en las empresas; pero a la larga, y desde la perspectiva macro, el impacto será mínimo. Creemos firmemente que es posible reducir la contaminación del país, sin interrumpir su crecimiento.”

Pero el esfuerzo anticontaminante tiene un costo. Economistas del banco francés Société Générale, predijeron que las restricciones ambientales podrían reducir en dos décimas de crecimiento económico.

China es tan importante para la economía global, que una campaña contra la contaminación, podría afectar a las economías de todo el mundo. Respecto a las medidas contra la contaminación en China, ya economistas en Australia han expresado preocupación por los efectos que esto puede tener en su país.

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Aunque China ahora lidera el mundo en sus instalaciones de energía solar y eólica, todavía depende del carbón para generar tres cuartas partes de su electricidad. El uso de la electricidad por parte de los hogares está aumentando a medida que más consumidores chinos compran electrodomésticos y adoptan un estilo de vida de clase media.

Ante la controversia surgida, Ganjie señala: “Un crecimiento modestamente más lento será un sacrificio necesario para mantener la estabilidad social a mediano plazo.” Una declaración que denota la firme convicción del gigante asiático en mantener y persistir con una política anticontaminante de gran magnitud y trascendencia.

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