Los microplásticos, pequeñas piezas de plástico desgastado de menos de 5 milímetros de diámetro, comenzaron a acumularse en los océanos hace cuatro décadas y ahora forman  parte del medio marino. Constituyen una gran amenaza para la alimentación de animales marinos, incluidas aves, tortugas, peces, mamíferos marinos e invertebrados.

Durante años, los científicos pensaron que los corales comían accidentalmente los restos de plástico porque erróneamente los consideraban como presas. Pero un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Duke, muestra que este no es el caso y que simplemente los corales comen plástico porque les gusta.

Al igual que los humanos, parece que los corales se sienten atraídos por la comida de bajo valor nutritivo, pero de gran sabor. Los investigadores probaron que al brindarles una variedad de opciones para comer, los corales prefirieron el plástico.

El investigador del Laboratorio Marino de Duke, Austin S. Allen, coautor del estudio, indica: “En nuestros experimentos los corales comieron todo tipo de plásticos, pero pudimos observar una preferencia hacia los microplásticos depurados, por una diferencia que triplica a los microplásticos cubiertos de bacterias. Esto sugiere que el plástico en sí contiene algo que lo hace sabroso”.

El plástico no puede ser confundido con una presa, porque los corales no tienen visión. Los investigadores creen que algunos de los productos químicos que se encuentran en el plástico, podrían estar provocando que tenga un sabor atractivo para los corales.

Si bien a los corales les gusta el sabor del plástico, no significa que sea bueno consumirlo. El plástico es casi indigerible, por lo que causa bloqueos, crea una falsa sensación de estar lleno o reduce las reservas de energía de los animales que lo comen. Los autores del estudio señalan que alrededor del 8% del plástico que los pólipos de coral ingirieron, estaba atascado en sus entrañas después de 24 horas.

Al contar con una comprensión de las razones por las que los corales se sienten atraídos a ingerir la contaminación plástica de los mares, los investigadores esperan disponer de las herramientas para poder combatir este problema.

Al respecto Seymour señala: “Si de manera no intencional fabricamos plásticos que resultan atractivos para estas criaturas, también podríamos fabricarlo para que tenga un sabor intencionalmente malo. Eso podría ayudar significativamente a reducir la amenaza que plantean estos microplásticos”.

El siguiente paso será identificar cuáles de los aditivos lo hacen tan sabroso y ver si otros animales marinos sienten lo mismo al respecto.

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