Es probable que no haya otro insecto tan eficiente como el mosquito. Lamentablemente esa eficiencia no es buena noticia para los humanos, quienes padecen de las múltiples infecciones que estos hábiles voladores propagan. Se posan sobre la piel y escapan de una manera tan sigilosa, que ha intrigado a los científicos por décadas.

Pero en un estudio realizado por un grupo de investigadores de la Universidad de Berkeley, se ha encontrado la clave que le permite a los mosquitos tener escapes exitosos; una técnica de despegue que emplean para escapar sigilosamente después de alimentarse con nuestra sangre.

Utilizando imágenes de cámaras de alta velocidad, los investigadores analizaron un grupo de mosquitos (Anopheles coluzzii), los cuales pueden ser portadores de enfermedades como la malaria, que habían estado alimentándose y escabulléndose.

Las imágenes revelaron que los mosquitos han desarrollado una ingeniosa técnica para dejar a sus víctimas de forma rápida y de manera casi imperceptible.

Aproximadamente 30 milisegundos antes del escape, los mosquitos comienzan a batir sus alas con una asombrosa frecuencia de 600 aleteos por segundo; eso representa una cantidad significativamente mayor que la mayoría de los insectos voladores, los que en promedio baten sus alas unas 200 veces por segundo.

Pero eso no es todo; los investigadores también descubrieron que los insectos aprovechan sus excepcionalmente largas patas, para extenderlas suavemente y elevarse sutilmente antes del despegue.

El enfoque del mosquito es diferente al de muchos otros insectos; la mayoría, simplemente se tiran al aire ejerciendo una presión firme, lo cual resulta eficaz, pero muy poco discreto, y es la discreción lo que hace tan eficiente el despegue del mosquito.

Sorprendentemente, esta técnica funciona igual, aun cuando el mosquito se ha alimentado a saciedad, llegando a duplicar su peso original.

Los investigadores planean utilizar técnicas similares de observación, a fin de estudiar los aterrizajes de mosquitos, que son igualmente sigilosos, y compararlos con los despegues y aterrizajes de otros insectos chupadores de sangre y mosquitos que no se alimentan de sangre, y de este modo identificar los mecanismos que les permiten aterrizar, alimentarse y escapar tan sutilmente.

Los resultados de esta investigación, aportan información valiosa que puede servir de fundamento para el diseño y desarrollo de estrategias, orientadas a minimizar los niveles de propagación de enfermedades y el impacto que esto tiene en la humanidad.